lunes, 8 de junio de 2015

De hombre a mujer y de mujer a hombre - AELR






Walt Heyer vivió su niñez  en California, a mediados de la década de 1940 y como todo niño se interesaba por los vaqueros, los automóviles y las guitarras hasta que un día a su abuela pensó que Walt quería ser una niña.  Ingenuamente le cosió un vestido de color púrpura que Walt se ponía cuando  la visitaba.
Según Walt el usar ese vestido disparó algo en su vida que lo llevó por 35 años a un valle oscuro de “tormento, desilusión, remordimiento y tristeza”.  Su confusión en su identidad de género lo condujo al alcohol, a las drogas y intentar suicidarse.
Walt recurrió a la vaginoplastia para parecerse a una mujer, cosa que ha lamentado profundamente, por eso aconseja a quienes sientan confusión con respecto a su género que se mantengan al margen. “Dios me hizo hombre y el bisturí nunca llegó a cambiar eso” ha testificado a la agencia de noticias LifeSiteNews.
Su testimonio está plasmado en un libro que publicó en el año 2006, “Trading My Sorrows: Man to woman and back-again – a personal story” (Intercambiando mis dolores: de hombre a mujer y viceversa -una historia personal).  Allí cuenta como el uso de ese  vestido púrpura fue sólo la primera de muchas influencias en su vida que le llevaron a avergonzarse de ser hombre. Además sostiene que el acoso sexual por parte de su tío lo llevo a avergonzarse de  sus genitales.  Otro ingrediente para su tragedia lo fue la severa disciplina de su padre  le hizo pensar que no era el niño que su padre quería.
Entre sus memorias no se vislumbra un sólo sentimiento lo suficientemente bueno de sus padres, tampoco haberlos complacido alguna vez ni haber sido reconocido en ninguna oportunidad cosa que anhelaba profundamente.
“Lo que yo quería desesperadamente era el reconocimiento de mis padres en lo que era sobresaliente, quería encontrar mi propio lugar donde pudiera expresarme, desarrollar mis talentos y hacer algo que disfrutara”.
Como niño  no tenía autoestima y empezó a  despreciarse se a sí mismo y a su cuerpo. Sólo le consolaba el  vestirse como una chica y mantenerlo en secreto. Vestirse como una chica era como un escondite, donde se sentía a salvo de los dolorosos conflictos y la disciplina paterna y materna.
La mujer, un tirano en su interior
Al llegar a la adolescencia  la niña que estaba dentro de su cabeza se volvió más poderosa y le demandaba más de su tiempo. A pesar de tener citas con chicas atractivas de su escuela secundaria,  no podía alejar la obsesión de convertirse en una mujer. Al terminar la se mudó de la casa de sus padres, para poder disfrutar del travestismo en la intimidad de su propia casa. Tenia muchos trajes de mujer pero estaba todavía profundamente avergonzado de su hábito secreto.

Walt  se casó, se hizo rico  pero mantuvo en secreto sus permanentes escapadas al mundo de la mujer.
Walt asegura que vivía  tres vidas distintas: una  de “hombre de negocios exitoso y bebedor, otra de padre y esposo amoroso perfecto en apariencia y la tercera de travesti retorcido”.  Pero en su interior experimentaba la fragmentación y la desilusión. Todo en su vida comenzó a desmoronarse.
Se volcó al alcohol como mecanismo de defensa y esto aumentó su deseo de convertirse en una mujer. Asegura que permitió a la niña dentro de su cabeza “expresarse” cada vez más, cuando él captó desesperadamente los momentos de alivio del embravecido mar de dolores y problemas de la vida.

Fue así como  puso sus esperanzas en la cirugía de sexo como la solución que haría que su dolor desapareciera para siempre.
Primero vinieron los implantes de pechos grandes. Luego hizo lo que  Walt lamenta mucho, la transformación quirúrgica de su órgano reproductor masculino para que pareciera un órgano reproductor femenino.
Walt tenía la esperanza que el procedimiento pudiera aliviar su “debilitante sufrimiento psicológico” y que eso iba a detener, de una vez por todas, el conflicto que lo había atormentado desde la infancia. Pero para su consternación, la reordenación de sus partes privadas y el cambio de su apariencia no efectuó el cambio correspondiente en el interior.
Después de la cirugía, su se convirtió en un campo de batalla de pensamientos y deseos conflictivos que el describe como “agravante, penoso, deprimente, discordante, distorsionado [e] impredecible”.
Después de la cirugía se dio cuenta que había cometido un “gran error”. Su adicción a la cocaína y al alcohol, en un intento de mitigar el dolor emocional aumentó su miseria, la depresión y la soledad.
Walt llegó a la conclusión que la cirugía fue un “fraude total” y por lo tanto no tenía sentido vivir la vida como una mujer quirúrgica, como un “impostor”.

Fue así como tocó fondo. La cirugía había destruido su identidad, su familia, su círculo social y su carrera. Sentía que no había nada para él sino morir. Fue así como Laura Jensen, nombre de Walt como mujer, trató de lanzarse desde una azotea pero fue detenido por un transeúnte.
Sin hogar y sin dinero, el quebrantado “transexual” habría terminado viviendo en la calle si un buen samaritano no le hubiese dado un lugar para dormir en un garaje.  Este nuevo amigo le animó  a Alcohólicos Anónimos, donde se dio cuenta que tenía que conectarse con Jesús.
En su relación con Jesucristo se dio cuenta que era realmente un hombre, pero que estaba envuelto en una “máscara de mujer”.
“Era consciente que ahora estaba entre los deshechos de la humanidad, hundido en una vida arrojada a la basura, distorsionada por mis propias decisiones. El alcohol, las drogas y la cirugía me habían hecho inútil para cualquier cosa. Yo había fracasado estrepitosamente como el hombre que Dios había creado para que yo lo fuese”.
Con la ayuda de unos amigos cristianos que conoció comenzó su viaje hacia la sanación y hacia el descubrimiento de su verdadera identidad como hombre. Walt se dio cuenta que la clave para ganar la batalla era la sobriedad. Se repetía “Mantente sobrio, sin importar en qué, mantente sobrio”. Dejó la bebida y se volvió a Jesús como una fuente de fortaleza.
En cierta ocasión, durante un tiempo de oración con un psicólogo cristiano, Walt dice que experimentó espiritualmente al Señor, todo vestido de blanco, que se acercó a él con los brazos abiertos, lo envolvió y le dijo: “Ahora conmigo estás a salvo para siempre”. Fue en ese momento que Walt supo que iba a encontrar en Jesús la sanación y la paz que él tanto deseaba.
Ahora en su madurez Walt cree que si pudiera volver atrás en el tiempo y decirse a sí mismo algo a si mismo se diría  evita la cirugía de sexo y que descubre la causa que subyace en el deseo por la cirugía.
Con su historia Walt da testimonio del poder de Dios y le dice al mundo que nunca se debe “subestimar el poder sanador de la oración y el amor en las manos del Señor”.
Para más información ir a la página Trading my Sorrows de Walt Heyer (en inglés)

Fuente: REL
zapatos-nuevos.org
Reproducido por: AELR (*)
* Ágape en la radio

El Problema del Mal: ¿Por qué pasan cosas malas si un Dios bueno existe? - AELR


Un filósofo llamado Epicuro hizo el siguiente argumento:
“¿Está Dios dispuesto a prevenir el mal, pero no puede?
Entonces, no es omnipotente.
¿Está dispuesto y no quiere?
Entonces, es malévolo.
¿Está dispuesto y quiere?
Entonces, ¿de dónde viene el mal?
¿No está dispuesto y tampoco quiere?
Entonces, ¿por qué llamarlo ‘Dios’?”

Más recientemente, los postulados de Epicuro suenan como: “Si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué hay mal en el mundo?”
A esta pregunta y/o premisas se le conoce en la Teología como “El Problema del Mal.” Esta es una de las principales preguntas que tienen los escépticos y una de las primordiales armas que utiliza el ateo en contra del Cristianismo.
Antes de comenzar, quiero hacer la distinción entre dos tipos de mal:
  1. El problema intelectual del mal – trata con dar explicaciones razonables de la coexistencia de Dios y el mal.
  2. El problema emocional del mal – trata con consolar a aquellos que están en medio del sufrimiento y disolver la apatía emocional que la gente le tiene a un Dios que permite tal mal.
La distinción es importante porque la solución al Problema Intelectual del Mal sería seca, desconsolante e indiferente a alguien que está atravesando por un sufrimiento. De la misma manera, la solución al Problema Emocional del Mal sería considerada superficial y carente para alguien que cuestiona el problema de forma abstracta.
El Problema Intelectual del Mal tiene más que ver con filosofía. El Problema Emocional del Mal tiende más hacia la consejería.
Ahora bien, en esta entrada estaré tocando solamemente el tema del Problema Intelectual del Mal.
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El Problema Intelectual del Mal
El propósito de este argumento es demostrar que es lógicamente imposible que ambos – Dios y el mal – coexistan. Son lógicamente incompatibles. Si uno existe, el otro no puede existir.
El argumento se plasma de la siguiente manera:
  1. El Mal Existe.
  2. Dios, que es todopoderoso y omnibenevolente, existe.
  3. Pero, un Dios todopoderoso podría crear un mundo sin mal
  4. Y un Dios omnibenevolente (enteramente bueno) quisiera un mundo sin mal.
  5. Por lo tanto, Dios no existe.
Aquí las premisas que son aparentemente contradictorias son la (1) y la (2).
Interesantemente, tal y como está, las premisas (1) y (2) no son lógicamente consistentes. ¿Por qué necesariamente son contradictorias? En este punto, el objetor al Cristianismo debe proveer razonamiento y prueba demostrando que si (1) es cierto, (2) no puede ser cierto o vice versa.
Lo más cercano que he encontrado como respuesta a esta responsabilidad de prueba que tiene el objetor del Cristianismo es la premisa (3), que dice que Dios puede “crear un mundo sin mal,” donde todos solamente pudiésemos escoger hacer el bien.”
La realidad es que no.
La respuesta presume que la omnipotencia de Dios puede aquello que es lógicamente imposible. ¿Cuál es esta imposibilidad? Crear un mundo donde personas sean libres para escoger solamente el bien. Si sólo hay una opción, ¿cómo es que somos “libres para escoger”? Esta “solución” es contradictoria y sería problemática, ya que eliminar la libertad de escoger, eliminaría la posibilidad de amar – por ejemplo. Así que, si Dios permite la libertad de escoger (libre albedrío), es imposible que Dios pueda garantizar cuáles serían esas elecciones.
En pocas palabras:
Dios es responsable por el hecho de la libertad de escoger, pero el ser humano es responsable por sus elecciones. Dios hizo la maldad posible, el ser humano la hizo real.
¿Por qué hizo la maldad posible? Porque si no, no fuésemos libres: sin voluntad propia, sin emociones y sin amor. Por ejemplo, mi hija tiene una muñeca que, cuando se aprieta, dice “¡Te amo!” Si mi hija no la aprieta, la muñeca dice y hace nada. Esa muñeca, ¿ama a mi hija? ¡Claro que no! ¿Por qué? Porque la muñeca efectivamente deja de existir cuando mi hija no está – es decir, como la muñeca no es libre, está limitada a lo que mi hija haga con ella.
En un mundo donde no fuésemos libres para escoger entre el mal y el bien libremente, la vida perdería su sentido, porque, para destruir el mal, habría que destruir la libertad. Por lo tanto, destruir el mal sería algo malo.
Por supuesto, es lógicamente posible ser libre para escoger el mal, pero siempre escoger el bien. Esto le pasó a Adán, antes de la caída. Jesús vivió su vida así. Sin embargo, el hecho de que sea lógicamente posible no significa que se convierte en una realidad.
Nuestra débil capacidad de escoger el bien está vinculada con nuestro pecado. Siempre que se escoge egoístamente hay quienes se afectan, por menos que te importe. Hacer el bien cuesta – a veces más de lo que estamos dispuestos a dar.
Por lo tanto, no es lógicamente inconcebible que personas que escogen hacer el mal se encuentren consecuencias de sufrimiento y dolor a otras personas que, tal vez, no tuvieron nada que ver. Dios no es el culpable, somos nosotros.
Pero, ¿por qué Dios permite? Porque sería ir en contra de algo que Él mismo estableció: el libre albedrío. Dios no puede negarse a sí mismo.
Es por esta razón que Dios no puso la esperanza para enfrentar las consecuencias del mal en seres imperfectos como nosotros. Familiarizado con el dolor y el sufrimiento, Dios puso esta esperanza en Su Hijo.
Por la victoria de Jesús sobre la muerte y el sufrimiento es que sabemos que el mal no durará para siempre; no importando que uno sienta que no tiene fin.
Por último, el problema planteado por Epicuro desaparece cuando contestamos la pregunta clave: “Entonces, ¿de dónde viene el mal?”
De nosotros mismos.

Fuente: verdadyfe.com
Reproducido por: AELR (*)
* Ágape en la radio

jueves, 4 de junio de 2015

Libre tras años de vender droga y tener una vida sexual desenfrenada - AELR


                        


Christopher Yuan parecía tenerlo todo en la vida: dinero, sexo a placer –en ese entonces practicaba abiertamente un homosexualismo beligerante–, drogas que consumía y, sobre todo, distribuía. Nada parecía faltarle. Hasta que unos golpes en su puerta dieron un giro radical a su existencia: agentes federales entraron en su casa y lo arrestaron por posesión equivalente a 9,1 toneladas de marihuana. Pero aunque en ese momento el mundo parecía derrumbarse para Christopher, la sentencia a prisión resultó ser el primer paso de su redención.

Hijo de inmigrantes chinos, Christopher nació en los Estados Unidos; se educó en ese país. Sin embargo, desde muy niño nunca encontró un lugar entre quienes le rodeaban. De estatura siempre pequeña, obligado a usar lentes y de complexión débil, recibió muchos insultos en el colegio por tocar el piano y trabajar en el colegio con más esfuerzo que los demás.

A los nueve años, y mientras visitaba la casa de un amigo, Christopher se topó con una revista pornográfica, una experiencia que le cambió la vida. Así lo cuenta él mismo: «Esas imágenes despertaron en mí algo que no sabía que estaba ahí. Pero lo curioso fue descubrir que me sentía atraído hacia las imágenes tanto de hombres como de mujeres».

No obstante lo que sentía, Christopher no compartió con nadie sus tendencias, pensando que un día se irían. Pero eso nunca sucedió: «Todos estos sentimientos estaban burbujeando en mi interior y yo sentía que de alguna manera tenía que dejarlo salir», comenta Christopher. 

Estilo de vida gay
Justo después del High School, cuando tenía alrededor de veinte años, empezó a visitar bares gay y comenzó a llevar un estilo de vida homosexual. Todo esto lo hacía a escondidas de sus padres y del resto de sus amigos. 

Pero cuando llegó el momento de inscribirse a la universidad –concretamente a la escuela de odontología– decidió revelar a todos lo que llevaba ocultando desde hace tiempo. Pensaba que de esa manera podría expresar lo que realmente era, aquello que sentía en su interior.

Una familia rota
Para sus padres fue una notica devastadora. «No encuentro las palabras para describir cómo me sentí en ese momento.Me sentí avergonzada y traicionada, llena de dolor», dice Angela, su madre. Su padre Leon, por su parte, simplemente sintió «que ya no había esperanza». Ciegos en medio de su dolor, le dieron a escoger entre su estilo de vida y ellos. Christopher no dudó ni un minuto y se marchó de casa: «Creía que la homosexualidad estaba en el centro de lo que yo era».

Engullido por un mundo desenfrenado, Christopher comenzó pronto a consumir drogas y, por la noche, a venderlas. Llevaba una doble vida: estudiante por la mañana y traficante por la tarde. Y esta espiral pronto lo tragó: fue expulsado del colegio de dentistas sólo cuatro meses antes de la graduación. 

Encuentros sexuales diarios
«Cuando me expulsaron –relata Christopher–, decidí consumir lo que quedaba de mí en la comunidad gay. Opté por hacer lo que mejor sabía en ese momento: vender drogas. Gané muchísimo dinero y tenía varios encuentros sexuales diarios. Me trataban como una super estrella y eso me hacía sentirme invencible; me hacía sentirme Dios».

Los padres encuentran a Cristo
Mientras tanto, y aunque Christopher no quería tener ningún contacto con ellos, sus padres se convirtieron al cristianismo y se empeñaron en Orar todos los días por él: «Cada mañana, al iniciar el día –comenta Angela–, elevaba a Dios una oración diciéndole: “Señor, ¡ten compasión de mi hijo!”». Unas oraciones que le llegaron a Christopher con los golpes en su puerta de la policía.

Una Biblia en la basura
Desolado y triste, la vida en prisión no se le presentaba fácil a Christopher. Pero tres días después de llegar, vio en un contenedor de basura de la cárcel un libro que le atrajo la atención. Se acercó y se dio cuenta que era una Biblia. No teniendo nada que perder, la abrió y comenzó a leer. Esa noche leyó entero el Evangelio según San Marcos: «Desde las primeras líneas que leí, me di cuenta que mi rebelión no era sólo contra la ley o contra los hombres, sino también contra Dios».

Infectado por el Sida
En medio de estos pensamientos, y pensando que su situación no podía caer más bajo, Christopher descubrió que sus acciones trajeron consecuencias: «Me llevaron a la oficina de la enfermera y al entrar me encontré con un papel con tres letras y un símbolo escritos en él. Decía: “VIH+”».

“Si estás aburrido, lee Jeremías 29, 11”
Regresó a su celda con la certeza de haber recibido una sentencia de muerte. Lloró por varios días. Pero una noche, acostado en su celda, repasaba los grafitis pintados en el techo, se topó con algo interesante: «Vi que uno había escrito “Si estás aburrido, lee Jeremías 29, 11”. Así lo hice y leí lo siguiente: “Sé qué planes tengo para vosotros, dice el Señor. Planes de paz, y no de desgracia, de daros un porvenir de esperanza”».

Leyó toda la Biblia en un año
Aferrándose a esto, y saliendo adelante día a día, Yuan devoró toda la Biblia en un año y las palabras comenzaron a penetrar su corazón hasta que se convenció de que no vivía de acuerdo a lo que Dios quería de él. 

Cambio de vida...
Al pasar tan sólo tres años, permitieron a Christopher salir de la cárcel y él lo hizo dispuesto a vivir coherentemente. Dejó la actividad homosexual y las drogas, comenzó a estudiar, le dio sentido a su vida: «El hecho de tener SIDA contribuyó a darle un sentido de urgencia a mi actividad».

Hoy, Christopher enseña en el Instituto bíblico Moody en Chicago y viaja alrededor de todo Estados Unidos dando conferencias sobre su experiencia. Recientemente también coescribió un libro con su madre Angela, titulado Out of a Far Country

La tentación no falta...
«Ser cristiano no es fácil –sentencia Christopher–. Sigo luchando, pero Dios me da su Gracia. Él ha vencido en la cruz. Y aunque sigo teniendo dificultades, no me siento atado por ellas. En cada tentación sigo poniendo delante los dos platos de la balanza: o escoger el estilo de vida según mis sentimientos y el mundo o vivir de acuerdo con lo que Dios quiere de mí. Según mi experiencia, la decisión es obvia: escojo a Dios».



Fuentes: 
REL
zapatos-nuevos.org
Reproducido por: AELR (*)
* Ágape en la radio

Se realiza el primer envío "legal" de Biblias a Cuba desde Estados Unidos . AELR




La Convención de las Iglesias  Bautista del Sur del Sur envío tres contenedores con más de 83.000 Biblias con destino a La Habana en Cuba, para que sean distribuidas en la isla.
Este envío está patrocinado por la Junta de Misiones Internacionales (International Mission Board, IMB por sus siglas en inglés) que es una entidad que pertenece a la Convención Bautista del Sur.

Está será la primera vez que se realizará como un envío directo desde los Estados Unidos y sin tanto trámite ante las autoridades cubanas, aprovechando la apertura en las relaciones entre ambas naciones.
Los bautistas han enviado Biblias a Cuba desde 1999. Con este envío se ha incrementado a medio millón las Biblias que han ingresado a la isla, informa Kurt Urbanek, presidente de International Mission Board (IMB), entidad encargada de esta labor.

“Cuando se enviaban las Biblias, tenían que pasar por otros países por las restricciones del embargo económico y los trámites burocráticos. El proceso para lograr los permisos del gobierno cubano requería una gran cantidad de trámites”, dijo Kurk Urbanek, líder de estrategia de IMB. Pero este esfuerzo quedó recompensado a finales del 2014, cuando el régimen “abrió las puertas” a la llegada directa de las Biblias.


Fuente: entrecristianos.com 
Reproducido por: AELR (*)
* Ágape en la radio

miércoles, 3 de junio de 2015

Koeun Path: Dios me salvó del genocidio camboyano de los Jemeres Rojos - AELR

                                  


Jemeres Rojos, en Camboya. En agosto de 1977, Koeun Path huye de los Jemeres Rojos a través la jungla camboyana intentando alcanzar la frontera tailandesa al norte del país. Su historia la acaba de publicar en un libro titulado Superviviente a pesar de mi (Rescapé malgré moi - BLF éditions, Francia), que coincide este año con los 40 años del inicio del terrible genocidio camboyano de Pol Pot.

 Hasta aquí su aventura la había contado incansablemente tanto a amigos como a desconocidos, pero se decidió a ponerla sobre papel cuando un estudiante le animó: “Escríbelo en un libro”.

 Actualmente Koeun Path tiene 68 años. Casado y con hijos, vive en Francia desde 1978. Su familia era jemer (etnia predominante en Camboya) de origen budista. Nace en 1948 y es el mayor de 11 hermanos. Tras estudiar fuera de casa, se convierte en profesor. Tiene 27 años cuando los Jemeres Rojos (organización guerrillera radical de inspiración maoísta), toman la capital Phnom Penh en Abril de 1975 tras varios años de guerra civil camboyana. El dictador Saloth Sar, conocido como Pol Pot (1925 – 1998), instala en todo el país un régimen de trabajos forzados y somete a la población al terror con detenciones, torturas y asesinatos masivos bajo una férrea persecución de los enemigos.

 A partir de 1973, la vida feliz y despreocupada de Koeun Path no volverá a ser la misma tras el asesinato de su cuñado, haber tenido que ver la delgadez esquelética de sus sobrinos todavía bebés, el descubrimiento de enormes tumbas comunes y un largo etcétera.

Resultado de imagen para IMAGENES DE KOEUN PATH
K. Path y su hija
 Por temor a ser capturado por el nuevo régimen, junto a otros dos compañeros que no sobrevivirán, decide huir a la jungla prefiriendo morir en ella que hacerlo en las crueles manos de los tiranos. Entonces comienza su peligroso éxodo de 40 días a través el país, con el objetivo de alcanzar Tailandia, al norte, usando como única guía las estrellas y el sol, escondiéndose de vez en cuando de alguna patrulla. Koeun Path cuenta como una voz le habló en varias ocasiones para indicarle la dirección correcta o animarle a seguir adelante. 


   Cuando consigue alcanzar Tailandia, tras ser interrogado, es encarcelado. Durante los dos meses que duró su encarcelamiento, recibe la visita de Paula Doty, misionera norteamericana, que le visitará cada día durante los quince minutos permitidos. Además de traerle alguna comida, aprovechará para hablarle del amor de Dios. A pesar de su convicción budista, Koeun Path, en su condición de preso, no tiene más remedio que escuchar.

 Lo que le llamará especialmente la atención es cuando ella le dice que Dios habita en el corazón de cada creyente, contrariamente al budismo donde la divinidad es muy impersonal y la ayuda la consigues de ti mismo. Le impactará definitivamente la afirmación de que “¡Jesús está vivo!”. Paula fue el instrumento determinante para que Koeun Path conociera a Dios y pudiera abandonar el odio que había invadido su corazón y cuerpo hacía los Jemeres Rojos. En abril de 1978 viajará definitivamente a Francia para quedarse.

 “Yo no fui al encuentro de Dios –relata en el libro–, sino que fue Él quien vino a mí. En mi desesperación y mi situación imposible, me encontró. Sin sombra de duda, soy un superviviente a pesar de mí”. 


Contrariamente a lo que podríamos pensar, no son los Jemeres Rojos y sus atrocidades el centro de esta historia real, sino el poder que se encuentra en el amor de Dios, quien nos ofrece el perdón y nos enseña como perdonar nosotros también a nuestros verdugos para realmente ser libres. Koeun Path, que antaño confiaba en las leyes del karma, descubrió el regalo inmerecido de la vida eterna: Jesús habiendo tomado sobre sí mismo la condena que merecíamos todos por nuestros pecados y que ahora nos permite vivir en Él. 

 Este libro es también una interesante comparación entre los fundamentos del budismo, en los cuales el escritor creía firmemente mientras huía, y las Buenas Nuevas transmitidas por Cristo. Actualmente Koeun Path es pastor de una iglesia evangélica en la ciudad de Mulhouse en Alsacia (Francia). El gobierno francés le acordó la condición de asilo político y en 1990 pudo volver a Camboya para visitar a sus familiares quienes le daban por muerto.


 Desde entonces regresa con cierta regularidad, pues no olvida como esa voz le dijo en una ocasión de no olvidarse de Camboya. Según datos oficiales, los Jemeres Rojos habrían asesinados entre dos y tres millones de personas durante los cuatro años que se mantuvieron al poder, además del medio millón de muertos que provocó la guerra civil iniciada en 1970. En el corazón de Koeun Path solo existe un deseo: compartir Jesucristo al pueblo camboyano… su propio pueblo.


Fuente: protestantedigital.com
Reproducido por: AELR (*)
* Ágape en la radio

lunes, 1 de junio de 2015

Dios y el Sufrimiento - AELR







¿Por qué Dios permite el sufrimiento? ¿Dónde está Dios cuando pasan cosas malas? ¿Dónde está Dios cuando sufrimos? ¿Sufrimos porque Dios no existe? ¿Por qué le pasan cosas malas a gente buena?
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Sencillamente, no hay manera de encubrirlo: vivimos en un mundo lleno de sufrimiento.
En éstos momentos, nos invaden un torrente de sentimientos – desde tristeza hasta rabia. No importa lo que pienses sobre Dios, todos nos enfrentamos al sufrimiento. Ser humano significa que el momento llegará en el cual el sufrimiento nos alcanzará.
C.S. Lewis – uno de los más importantes teólogos de nuestros tiempos – escribió en el momento que perdía (y eventualmente perdió) a su esposa en “A Grief Observed”:
“¿Dónde está Dios? Vamos a donde Él cuando ninguna otra ayuda está disponible – y ¿qué encontramos? Una puerta que se cierra en tu cara y el sonido del seguro cuando llega a su lugar […] Vez tras vez, cuando Él parecía más cercano, lo que hacía era preparar mi próxima tortura.”
¿Alguna vez te has sentido así? No estás sólo/a. Es en el sufrimiento que nacen todas las preguntas humanas sobre Dios.
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El Problema del Mal

En una entrada anterior, esta línea de preguntas sobre Dios y el sufrimiento se conoce como "El Problema del Mal”
En aquella entrada, se hizo una distinción importante entre el Problema Intelectual del Mal y el Problema emocional del Mal:
El problema intelectual del mal – trata con dar explicaciones razonables de la coexistencia de Dios y el mal.
El problema emocional del mal – trata con consolar a aquellos que están en medio del sufrimiento y disolver la apatía emocional que la gente le tiene a un Dios que permite tal mal.
En la entrada mencionada, se trató con el problema intelectual del mal. En esta entrada, queremos ofrecer algunos puntos claves para recordar para cuando estamos atravesando un momento de dolor y de tristeza.
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Punto #1: Dios no es el creador del mal

Dios es el máximo bien, por lo cual el mal no puede salir de Él; ni Él es malo. No puede serlo. Como tal, lo que llamamos como “mal” es una inexistencia ontológica – es algo que esreal, pero no existe. Piensa en el agujero que hay en el centro de una dona. El agujero es real, pero no te lo puedes comer. No puedes comerte la dona y dejar a un lado el agujero. El agujero está donde no hay dona – pero si no hay dona, tampoco hay agujero. De igual forma, sabemos qué está el mal porque sabemos lo que es el bien. En otras palabras, como sabemos lo que se supone que sea, podemos determinar qué no debe ser. Si el bien no existiese, no hubiese manera de identificar qué es el mal. Si el bien proviene de Dios, entonces le decimos “mal” en donde no hay bien. El mal es como el agujero de la dona – hay mal, donde no está Dios.
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Punto #2: Dios puede utilizar el sufrimiento para alcanzar un bien

El mejor ejemplo de eso es Jesucristo en la Cruz. El sufrimiento más horroroso y la pérdida de un Hijo – todo porque Dios sabía que el beneficio de la Salvación era mucho mejor y por encima de cualquier dolor o sufrimiento que Él pudiese soportar.
En Su misericordia, Dios ha extendido esta promesa para las personas que aman a Dios. Dios desea crear Su carácter en ti, por lo cual Dios siempre puede sacar un beneficio de cualquier situación. Con corazones dispuestos, debemos preguntar “¿para qué?” en vez de “¿por qué?”
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Punto #3: A Dios le importa nuestro sufrimiento

Hay quienes piensan que Dios es ajeno a nuestro dolor. Tal vez se compadece pero no sabe lo difícil que es lo que estamos pasando.
En su libro “The view from a hearse” (“La vista de un carro fúnebre”), el Pastor Joseph Bayly hace el doloroso recuento de la pérdida de sus tres hijos. Cuando su tercer hijo estaba en su lecho de muerte, ya nadie lo visitaba como solían a hacerlo. ¿Qué iban a decir? Ya él lo había escuchado todo: “Ten fe”, “Dios tiene el control”, “Dios está contigo.” Escribe Bayly que un día, llegó un señor que llevaba poco tiempo yendo a la iglesia. Sin decir una palabra, el señor lo besó, lo abrazó y se echó a llorar encima de Bayly. Bayly se descompuso y ambos calleron en llanto al suelo. Después de un tiempo, el hombre se levantó, lo abrazó por última vez y se fue. Nada fue dicho. Bayly dice que “en ningún momento Dios me había ministrado tanto. Más allá de saber que Dios estaba conmigo, yo necesitaba sentir que Dios sufría conmigo. Que le dolía la situación de mi hijo tanto como me dolía a mi.”
Dios conoce nuestro dolor y sabe lo que es el sufrimiento, Él mismo haciéndose hombre y sufriendo el oprobio y la muerte. No tenemos un Dios que no sabe por lo que pasamos (Hebreos 4:15), sino que Aquel que sufrió sabe por lo que estamos sufriendo y nos ofrece esperanza (Romanos 8:28).
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Punto #4: Dios se terminará la realidad del mal y el sufrimiento

Hay muchas personas que piensan que el hecho de que Dios aún no ha deshecho la realidad del mal y el sufrimiento significa que no lo hará. Eso no es cierto. La Palabra promete que llegará el momento que “enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor […]” (Apocalipsis 21:3-4).
Dios eliminará la realidad del mal, el sufrimiento y todo aquello (y quiénes) lo provocan. El que no lo haya hecho no significa que no lo hará.
¿Por qué no lo ha hecho todavía? Para darle oportunidad a quienes no lo conocen a que lo conozcan:
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 2:9)
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Punto #5: Cualquier sufrimiento que tengamos en esta Tierra no se compara con lo que Dios tiene para nosotros en el Cielo.

Es esperanzador pensar que, para aquellos que aman y confían en Dios, hay una vida eterna llena de gozo – libre de dolor y sufrimiento. El gozo que Dios nos da va mucho mas allá de la felicidad que podamos tener. Y este gozo viene de, entre otras cosas, la esperanza de la vida eterna.
Imagina que te levantas un primero de enero y tienes un día pésimo. Te levantas y te caes de la cama, te rompes el brazo, la ambulancia choca de camino al hospital, se rompe la máquina de rayos-x, el doctor se tarda en atenderte, y cuando -al fin- llegas a tu casa, no hay internet. Un día pésimo. Sin embargo, a medida que pasa el año, cosas buenas suceden. Tu jefe te da un aumento en sueldo, fuiste seleccionado como el ganador de un auto nuevo en un concurso, te llama un número equivocado a tu móvil y resultó ser tu director de cine favorito, quién te ofrece una parte en su película (¡junto a tu actor/actriz favorita!), y ¡te ganas el Óscar!
Ahora imagina que es el 31 de diciembre de ese año y, en una fiesta, te preguntan: “¿Cómo ha sido tu año?” ¿Podrías decir que fue un año malo, aunque tuviste un día pésimo? Cuando pones un día malo dentro de 364 días buenos, el peso de lo bueno hace que lo malo sea llevadero. De la misma forma, cuando ponemos en perspectiva los 70 años que dura nuestra vida con lo que es la eternidad, nos damos cuenta de que nuestras vidas son una gota dentro del océano de la eternidad de Dios. El día que vivimos en esta vida será un pestañar ante la eternidad que compartiremos con Dios.
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Ser humano significa que, en algún momento, nos enfrentaremos a un momento de profundo dolor. Al recordarnos de los puntos anteriores, empezamos a ver la esperanza y el amor de Dios en medio de los momentos más difíciles y confusos. Estos “puntos de luz” nos ayudarán a navegar a través de la tempestad de la confusión – no sin dolor, pero con esperanza.
Por último, Jesús nunca escondió la realidad del dolor y el sufrimiento pero sí nos dio una esperanza en Él mismo:
“Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)

Fuente: verdadyfe.com
Reproducido por: AELR (*)
* Ágape en la radio

Todo tiene su tiempo