viernes, 4 de agosto de 2017

AMA LO QUE HACES (Phil Collins)


La estrella británica del pop Phil Collins habla sobre lágrimas derramadas y aprendizaje

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Marcel anders de source

Este hombre de 64 años es uno de los músicos pop más exitosos de la historia, no solo como artista en solitario, sino también como batería y vocalista de la famosa banda de rock Genesis. En total, Phil Collins ha vendido la friolera de 250 millones de discos. Sus ocho álbumes en solitario, junto con otras grabaciones de su prolífico baúl, han sido remasterizados y reeditados. Estos incluyen su famoso álbum debut como solista Face Value, con canciones como “In the Air Tonight” (1981) que reflejan la confusión emocional por la que el artista pasaba en ese momento: el divorcio de su primera mujer, Andrea, y su amargura y frustración por el fin de su matrimonio.
Reader’s Digest: ¿Qué se siente al escuchar canciones que reflejan un turbulento periodo de tu vida?Phil Collins: Las he escuchado de forma intermitente desde que fueron escritas. Sin embargo, para mí nunca hubo ese momento en el que piensas: “¡Oh, Dios mío, esto es genial” o “Ésta es mi vida pasando frente a mí”.
¿Eres la prueba viviente de que el sufrimiento genera buen arte? [Risas] Sí, algunas lágrimas se han derramado.
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Phil Collins
¿Qué pasa con el batería que hay en ti? ¿Aún coges las viejas baquetas de vez en cuando? No, he estado luchando con un problema neurológico en mi brazo izquierdo. Todo comenzó en 2007, en la época en que se volvió a reunir Genesis. En esa gira algo le pasó a mi codo izquierdo. Todavía no se sabe muy bien cuál fue la causa, pero no puedo sujetar una baqueta correctamente. Soy incapaz de cogerla.
¿Es algo de tipo nervioso? Exactamente. He pasado por varias operaciones, una en el cuello, que probablemente había que hacer de todos modos. Mis médicos recomendaron una resonancia magnética, que mostró que algunas vértebras se rozaban entre sí. Así que tuve que arreglarlas, pero no sirvió de nada para el brazo. Después de dos operaciones más está un poco mejor. Hace unas semanas también me sometí a una electromiografía (EMG) en Miami, que mide la actividad eléctrica de los músculos. Hay un par de grandes médicos en Miami que tratan las lesiones de la columna vertebral y los problemas neuronales. Estoy viendo a dos de los mejores.
¿Tratas de librarte de ello? Sí. Durante un tiempo no me molestó. Había tocado la batería durante toda mi vida, y cuando uno se hace mayor, las cosas se rompen. Ahora estoy en una situación en la que voy a vivir con mis hijos en Miami. Así que los veo todos los días, mientras crecen. A ellos les encantaría verme de gira de nuevo y su entusiasmo me anima.
¿Al unirte a su banda del colegio para un concierto no hace mucho? Exacto. Hace unos dos años, mi hijo de 14 años, Nicholas, era el batería del colegio. Su profesor de música dijo: “Sería genial si tu padre viniera y cantara contigo”. Así que me preguntó y fui. Estuvo genial. Tocamos “In The Air Tonight” y él tocó lo que yo compuse para la batería.
¿Qué estás escuchando? Yo no escucho música.
¿Ni siquiera clásica? No. No es que la evite, solo que no la escucho. Solía sentirme mal por ello, cuando la gente preguntaba: “¿Qué estás escuchando?” Yo trataba frenéticamente de mencionar algo, y no podía. Después leí una entrevista con Roger Waters (de Pink Floyd), quien no me agrada [risas], debo decir. Cuando se le hizo la misma pregunta, su respuesta fue: “No me importa nada más. Solo me importa lo que hago. Escucho lo que hago, estoy tratando de hacerlo mejor”. Y yo pensé: “Bueno, así es como realmente me siento”.

Fuente: readersdigestselecciones.es

jueves, 3 de agosto de 2017

Este joven rumano viajó a Nepal para ayudar a las víctimas del terremoto

                                                   Voluntariado por sonrisas - Selecciones


Ana-Maria Ciobanu

IonuT, Ursu se duchó durante casi una hora en el cuarto de baño de la residencia de estudiantes de la Universidad de Bucarest, donde estudia geografía. El gel, las cuchillas de afeitar o el desodorante le parecían artículos de lujo a este rumano de 27 años, después de haber pasado cuatro semanas entre los escombros del terremoto que asoló Nepal el 25 de abril del año pasado, y que dejó 8.500 muertos, 20.000 heridos y cientos de miles de personas sin hogar.
Ionut, había salido de Katmandú, capital de Nepal, a las cinco de la mañana, después de donar su tienda de campaña, sus zapatos y su equipo de montaña a sus anfitriones, la Fundación Cold Feet, una ONG nepalí dedicada a ayudar a las víctimas del terremoto. Fueron a parar a una familia que se había quedado sin casa. En el aeropuerto dio toda su ropa, menos la que llevaba puesta.
La noche antes, lloró en su tienda de campaña para liberarse de todo lo que había visto: casas reducidas a escombros, extremidades fracturadas, niños que habían perdido a sus padres y padres que habían perdido a sus hijos. Durante 28 días no había tenido tiempo de derrumbarse emocionalmente. Por las noches se iba a dormir agotado después de comer un cuenco de arroz y por las mañanas se bañaba en el río antes de ponerse en marcha de nuevo.
IonuT, aterrizó en Katmandú el miércoles 6 de mayo con dos mochilas gigantes: una con sus cosas y la otra con material médico. Era la primera vez que salía de Rumanía, no hablaba nepalí ni inglés, y tenía que mirar las palabras en un traductor online.
Había decidido acudir después de ver en las noticias a niños nepalíes huérfanos y sin hogar, ya que se acordaba de lo duro que había sido para él crecer sin una madre.
Abandonado a los cinco días de nacer, Ionut, era uno de los 100.000 niños que vivían en un orfanato en Rumanía, reminiscencias del régimen comunista que impuso leyes antiabortivas para aumentar las tasas de natalidad. Nunca olvidará el método de la gobernanta: una mujer que medía las manchas de orina en la cama en centímetros y que golpeaba tantas veces como centímetros tuviera la mancha. Ionut, se refugió en el voluntariado. A los 16 años hizo un curso de primeros auxilios. Cuando se trasladó a Bucarest se formó para convertirse en personal sanitario voluntario de los servicios de urgencias.
Para ir a Nepal, hizo una lista con todo lo que podía vender: móvil, tablet, lavadora, cámara de fotos y un reloj que había sido un regalo especial. Con su venta obtuvo casi 1.500 euros, y amigos y profesores también le ayudaron dándole dinero para provisiones y para el billete de avión. Cinco días después, el personal de Cold Feet le daba la bienvenida en Katmandú.
Ionut,, acompañado de un equipo médico, se dirigió al Distrito de Dhading, a 64 kilómetros al oeste, un área de ocho pueblos en la que casi la totalidad de las 300 casas se habían derrumbado y 30 personas y muchas cabezas de ganado habían acabado bajo los escombros. Todas las mañanas, los voluntarios de Cold Feet subían una senda de montaña durante dos o tres horas para llegar hasta las ruinas del terremoto.
Ionut, ayudó a acarrear medicinas, alimentos y lonas impermeables para montar tiendas de campaña militares y dar cobijo a más de 500 personas que dormían a la intemperie y rebuscaban entre las ruinas con la única ayuda de sus manos. Después fue con el equipo puerta a puerta examinando a los pacientes. Les tomó la tensión y los niveles de azúcar, les limpió y vendó las heridas y rellenó los historiales. En los ratos libres, cavaba agujeros para anclar las tiendas y abrazaba a los niños. Estos le sonreían, y un niño pequeño le hizo prometer que iba a aprender inglés. “Es muy importante”, dijo, e Ionut, asintió. Pero al mismo tiempo pensaba que “los corazones hablan a los corazones y mientras supiera sonreír, el idioma no era tan importante”.
Según pasaban los días, Ionut, sintió que se estaba distanciando de su propio sufrimiento, una carga que le acompañaba desde la infancia. Rodeado de dolor, tan visible entre los hombres que se afeitaban la cabeza cuando perdían a un ser querido como en los campos donde se incineraban cadáveres cada día, aprendió a amar la vida y a alegrarse de las oportunidades que le surgían, como la de asistir a un parto. Una de las noches se tumbó agotado en su tienda e ideó su misión: “Mientras tenga salud, puedo ayudar. Debo ofrecer bondad.”
Diez días después, Ionut, volvió a Katmandú y trabajó como voluntario en distintos hospitales, el último de ellos el Manmohan Memorial Hospital. El personal pronto le cogió cariño. El cirujano ortopédico Shirish Karki recuerda, “este chico era como un ángel para nosotros. Estábamos escasos de personal porque muchos empleados habían sido víctimas del terremoto. Ionut, ayudaba a levantar a los pacientes, limpiaba los utensilios y hacía todas las tareas pequeñas imprescindibles.”
Shirish le permitió que le ayudara en el quirófano. Al principio solo pasaba instrumental, después empezó a poner catéteres y vías intravenosas e incluso aprendió a sujetar los músculos mientras cosían. Los heridos llegaban por docenas todos los días, y otros, quizás cientos, estaban fuera esperando a ser tratados. Entre una operación y otra Shirish e Ionut, se tomaban un tentempié y hablaban de la vida, ayudados de una aplicación móvil para traducir.
Cuando Ionut, se marchó de Nepal, agotado y con diez kilos menos, había encontrado su vocación. Se prometió volver, convencido de que “el demonio no triunfa si las personas buenas no ignoran la tristeza del mundo”.
Hoy Ionut, sigue haciendo voluntariado en el Servicio Médico de Urgencias de Bucarest y continúa estudiando geografía en la universidad.
En su tiempo libre vende fotografías de su viaje a Nepal y busca nuevas formas de financiación para comprar instrumental médico y enviarlo a Dhading, y para una máquina de electrocardiogramas para el hospital rumano donde nació. Ionut, planea volver a Nepal este verano para montar una consulta médica en una escuela de un pueblo de alta montaña.
“Mientras tenga salud, puedo ayudar. Debo ofrecer bondad.”

Fuente: http://www.readersdigestselecciones.es

miércoles, 2 de agosto de 2017

¿Cuál es el significado de la vida?

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¿Cuál es el significado de la vida? ¿Cómo puedo encontrar propósito, realización y satisfacción en la vida? ¿Tendré el potencial para lograr algo de importancia duradera? Mucha gente nunca se ha detenido a considerar cuál es el significado de la vida. Años más tarde, miran hacia atrás y se preguntan por qué sus relaciones se han desmoronado y por qué se sienten tan vacíos, aún cuando pudieron haber conseguido lo que emprendieron. A un jugador de béisbol que figuraba en el paseo de la fama del béisbol se le preguntó, qué le hubiera gustado que le dijeran al principio, cuando empezó a jugar el béisbol. El respondió, “Deseo que alguien me hubiera dicho que cuando alcanzara la cumbre, no encontraría nada ahí”. Muchas metas revelan su vacío solamente después de que se han desperdiciado años en su búsqueda.

En nuestra sociedad humanística, la gente persigue muchos propósitos, pensando que en ellos van a encontrar significado. Algunas de estas búsquedas incluyen: éxito en los negocios, riquezas, buenas relaciones, sexo, entretenimiento, hacer el bien a otros, etc. La gente ha testificado que mientras alcanzan sus metas de riquezas, relaciones y placer, todavía hay un profundo vacío interior – un sentimiento de un vacío que nada lo parece llenar.

El autor del libro bíblico de Eclesiastés expone este sentimiento cuando dice, “¡Vanidad de vanidades! ¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!”. Este autor tenía riquezas más allá de la medida, sabiduría más que cualquier hombre de su tiempo o del nuestro, mujeres por cientos, palacios y jardines que eran la envidia de los reinos, la mejor comida y el mejor vino, y poseía cada forma de entretenimiento disponible. Hasta cierto punto, dijo que cualquier cosa que deseaba su corazón, él la buscaba. Y todavía, resumía diciendo, “la vida debajo del sol ¡es vanidad!” (La vida es vivida como que está fuera de todo lo que podemos ver con nuestros ojos y experimentar con nuestros sentidos) ¿Por qué hay tal vacío? Porque Dios nos creó para algo más allá de lo que podemos experimentar en el aquí-y-ahora. Salomón dijo de Dios, “El también ha puesto la eternidad en los corazones de los hombres…”. Estamos conscientes de que, en nuestros corazones, este “aquí-y-ahora” no es todo lo que hay.

En Génesis, el primer libro de la Biblia, encontramos que Dios creó a la humanidad a Su imagen (Génesis 1:26). Esto significa que somos más como Dios que como cualquier otro (que cualquier otra forma de vida). También encontramos que antes de que la humanidad cayera en pecado y la maldición cayera sobre la tierra, las siguientes cosas fueron verdad: (1) Dios hizo al hombre una criatura social (Génesis 2:18-25); (2) Dios dio al hombre trabajo (Génesis 2:15); (3) Dios tuvo compañerismo con el hombre (Génesis 3:8): y (4) Dios dio al hombre dominio sobre la tierra (Génesis 1:26). ¿Cuál es la importancia de estos puntos? Yo creo que por cada uno de estos, Dios intentó añadir a nuestro cumplimiento satisfacción en la vida, pero todo esto (especialmente el compañerismo del hombre con Dios) fue perjudicado por la caída del hombre en pecado y la maldición resultante sobre la tierra (Génesis 3).

En Apocalipsis, el último libro de la Biblia, al final de muchos otros eventos del fin de los tiempos, Dios revela que va a destruir esta tierra y cielo presentes como los conocemos, y conducirnos al estado eterno, al crear un nuevo cielo y una nueva tierra. En ese tiempo, El va a restaurar por completo el compañerismo con la humanidad redimida. Algunos van a ser juzgados indignos y arrojados en el Lago de Fuego (Apocalipsis 20:11-15). Y la maldición del pecado será disipada; no habrá más pecado, aflicción, enfermedad, muerte, dolor, etc. (Apocalipsis 21:4). Y los creyentes heredarán todas las cosas; Dios habitará con ellos, y ellos serán Sus hijos (Apocalipsis 21:7). De este modo, llegamos a un círculo completo en el que Dios nos creó para tener compañerismo con El, pero el hombre pecó, rompiendo ese compañerismo; Dios restaura ese compañerismo completamente, en el estado eterno, con aquellos considerados dignos por El. ¡Ahora, ir a través de la vida haciendo nada y todo, solamente para morir separados de Dios por la eternidad, sería peor que vano! Pero Dios ha hecho un camino no solamente para hacer posible la dicha eterna (Lucas 23:43), sino también esta vida satisfactoria y valiosa. Ahora, ¿cómo se obtienen esta dicha eterna y este “cielo sobre la tierra”?

EL SENTIDO DE LA VIDA RESTITUIDO POR JESUCRISTO

Como hicimos alusión arriba, el verdadero significado tanto ahora como en la eternidad, se encuentra en que uno restaure la relación con Dios que fue perdida en el tiempo de la caída por el pecado de Adán y Eva. Hoy, esa relación con Dios es solamente posible a través de Su Hijo, Jesucristo (Hechos 4:12; Juan14:6; Juan 1:12). La vida eterna se gana cuando uno se arrepiente de sus pecados (ya no quiere continuar en esto, sino que quiere que Cristo lo cambie y lo haga una nueva persona) y comienza a confiar en Jesucristo como Salvador (vea la pregunta “¿Cuál es el plan de salvación?” para obtener mayor información en este tan importante asunto).

Ahora, el verdadero significado de la vida no se encuentra solamente en tener a Jesús como Salvador (maravilloso como es eso). Mas bien, el verdadero significado de la vida se encuentra cuando uno comienza a seguir a Cristo como Su discípulo, aprendiendo de Él, pasando tiempo con Él en Su Palabra, la Biblia, comunicándose con Él en oración, y caminando con Él en obediencia a Sus mandatos. Si usted es un no creyente (o tal vez un nuevo Creyente) es probable que esté diciéndose, “¡Eso no suena muy emocionante o satisfactorio para mí!” Pero, por favor lea solamente un poquito más. Jesús hizo las siguientes declaraciones:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30). “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan10:10b). “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:24-25). “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4).

Todo lo que estos versículos están diciendo es que nosotros tenemos una elección. Podemos continuar buscando guiar nuestras propias vidas (con el resultado de llevar una vida vacía) o podemos escoger seguir a Dios y Su voluntad para nuestras vidas con todo nuestro corazón (lo cual resultará en tener una vida vivida por completo, teniendo satisfechos los deseos del corazón, y encontrando contentamiento y satisfacción). Esto es así porque nuestro Creador nos ama y desea lo mejor para nosotros (no necesariamente la vida más fácil, sino la mayor satisfacción).

Al cerrar, quiero compartir una analogía tomada de un pastor amigo. Si usted es un aficionado a los deportes y decide asistir a un juego profesional, puede aflojar unos pocos dólares y obtener un asiento “alejado de la acción” en las filas superiores del estadio, o puede soltar unos pocos cientos de dólares y estar muy cerca de la acción. En la vida Cristiana también es así. Observar la obra de Dios de PRIMERA MANO no es para los cristianos domingueros. Ellos no han pagado el precio. Observar la obra de Dios de PRIMERA MANO es para los discípulos de Cristo incondicionales, quienes verdaderamente han dejado sus propios deseos, de manera que pueden seguir los propósitos de Dios en la vida. ¡Ellos han pagado el precio (una completa rendición a Cristo y a Su voluntad); ellos están experimentando la vida a plenitud, y pueden encararse a ellos mismos, y a su Hacedor sin lamentarse! ¿Ha pagado el precio? ¿Está dispuesto a hacerlo? Si es así, usted no va a anhelar sentido o propósito para su vida nuevamente.

Fuente: gotquestions.org

"¿Quién es Jesucristo?"

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Respuesta: ¿Quién es Jesucristo? A diferencia de la pregunta, “¿Existe Dios?”, muy poca gente se ha cuestionado si Jesucristo existió. Generalmente se acepta que Jesús verdaderamente fue un hombre que caminó sobre la tierra de Israel, hace más o menos dos mil años. El debate comienza cuando se analiza el tema de la identidad completa de Jesús. La mayoría de religiones principales enseñan que Jesús fue un profeta, o un buen maestro, o un hombre devoto. El asunto es el siguiente, la Biblia nos dice que Jesús fue infinitamente más que un profeta, un buen maestro, o un hombre devoto.

C. S. Lewis en su libro Mero Cristianismo escribe lo siguiente: “Aquí estoy tratando de prevenir a quienquiera, de cometer la verdadera insensatez que a menudo se comete al decir de Él, es decir de Jesucristo lo siguiente: ‘Estoy listo para aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de ser Dios’. Esa es una de las cosas que no deberíamos decir. Un hombre que era simplemente un hombre, y que decía toda clase de cosas, sólo por decir, no aplica a un gran maestro moral como Jesús. O era un lunático – o un hombre ambiguo – o el mismo Demonio del Infierno. Usted debe hacer su elección. Este hombre fue y es el Hijo de Dios, o de lo contrario, fue un loco o algo peor… Usted puede hacerlo callar por tonto, puede escupirlo y matarlo como a un demonio; o puede caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no seamos condescendientes con ninguna tontería acerca de que era un gran maestro humano. Él no ha dejado esa opción abierta para nosotros. Él no tuvo esa intención.”

Veamos ahora, ¿quién demandaba ser Jesús? ¿Quién dice la Biblia que era Él? Primero, miremos las palabras de Jesús en Juan 10:30, “Yo y el Padre uno somos”. A primera vista, no parecería afirmar ser Dios. Sin embargo, mire la reacción de los Judíos en Su declaración, “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33). En los siguientes versículos, Jesús nunca corrige a los judíos diciéndoles, “Yo no me hago Dios”. Eso indica que Jesús verdaderamente estaba diciendo que era Dios al declarar, “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Juan 8:58 es otro ejemplo. Jesús proclamó, “¡De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy!” Tomaron entonces piedras para arrojárselas (Juan 8:59). Jesús, anunciando Su identidad como “Yo soy” es una aplicación directa del nombre del Antiguo Testamento para Dios (Éxodo 3:14). Nuevamente, ¿por qué los Judíos querían apedrear a Jesús, si El no había dicho algo que ellos creían era blasfemo, concretamente, una afirmación de ser Dios?

Juan 1:1 dice que “el Verbo era Dios”. Juan 1:14 dice que “aquel Verbo fue hecho carne”. Esto indica claramente que Jesús es Dios en la carne. Tomás el discípulo de Jesús dijo, “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28). Jesús no lo corrigió. El Apóstol Pablo lo describe como, “…nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). El Apóstol Pedro dice lo mismo, “…nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2ª Pedro 1:1). También Dios el Padre es testigo de la completa identidad de Jesús, pero acerca del Hijo dice, “Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de Tu reino”. Las profecías de Cristo del Antiguo Testamento anuncian Su deidad, “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado y el principado sobre su hombro, y se llamará su nombre, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”

De manera que, como C. S. Lewis sostuvo, creer en Jesús como un buen maestro, no es una opción. Clara e innegablemente Jesús afirmaba ser Dios. Si El no es Dios, entonces es un mentiroso, y por tanto no es un profeta, un buen maestro o un hombre devoto. Al intentar explicar las palabras de Jesús, los “eruditos” modernos declaran que “el verdadero Jesús histórico” no dijo muchas de las cosas que la Biblia le atribuye. ¿Quiénes somos nosotros para debatir con la Palabra de Dios, referente a lo que dijo o no dijo Jesús? ¿Cómo puede un “erudito” que dista de Jesús dos mil años, tener una mejor percepción de lo que Jesús dijo o no, que la que tuvieron aquellos que vivieron, sirvieron y fueron enseñados por Jesús mismo (Juan 14:26)?

¿Por qué es tan importante la pregunta acerca de la verdadera identidad de Jesús? ¿Por qué es importante que Jesús sea Dios o no? La razón más importante por la que Jesús tiene que ser Dios, es que si Él no es Dios, Su muerte no habría sido suficiente para pagar la penalidad de los pecados de todo el mundo. (1ª Juan 2:2). Solamente Dios pudo pagar tal penalidad infinita (Romanos 5:8; 2ª Corintios 5:21). Jesús tenía que ser Dios, a fin de que pudiera pagar nuestra deuda. Jesús tuvo que ser hombre para que pudiera morir. ¡La salvación está disponible solamente a través de la fe en Jesucristo! La deidad de Jesús es la razón por la que El es el único camino de salvación. La deidad de Jesús es la razón por la que proclamó, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene la Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Fuente: https://www.gotquestions.org

martes, 1 de agosto de 2017

WILKERSON: LA CRUZ Y EL PUÑAL





Espacio presentado por: José de segovia

Porque si el libro, que escribió con John y Elizabeth Sherrill en 1963, fue todo un fenómeno editorial que ha vendido más de quince millones de ejemplares, se calcula que el film ha sido visto por cincuenta millones de personas. Está en tantos idiomas como se ha publicado el libro, treinta –cuando las películas normalmente se doblan a doce–. Fue la primera producción evangélica, de hecho, que se recibió bien en el circuito comercial.
La historia comienza hace más de medio siglo, cuando Billy Graham empezó a hacer películas por medio de la productora World Wide Pictures.Un hombre llamado Dick Ross había formado una pequeña compañía en los años cuarenta denominada Great Commission Films.
Graham le propuso filmar alguna de sus campañas a efectos documentales. Ross tuvo entonces la idea de hacer historias de ficción, que dramatizaran la vida de personas que habían llegado a ser cristianas por medio de su predicación. Nació así Mr. Texas (1951). La película transcurre, como muchas de las que vinieron a continuación, durante una de las llamadas cruzadas del evangelista.
Como en Oiltown, USA (1954), el sermón constituye el eje de su historia, pero aquí ya no es en un estadio, sino en la televisión. Tras hacer otras películas sobre otras campañas, Ross piensa que han agotado la fórmula. Son historias sumamente predecibles. Al principio, los personajes se presentan escépticos al cristianismo, viviendo en clara inmoralidad, o sinceramente buscando respuestas para el sentido de la vida. Al final, la mayor parte llega a creer en Cristo, ayudados por amigos o familiares, normalmente después de escuchar a Graham.
Las películas del evangelista se habían concentrado hasta ahora en personajes adultos de clase media, generalmente matrimonios preocupados por el éxito económico. En Los inquietos (1965), se plantean hacer ahora una historia sobre jóvenes rebeldes, cínicos respecto al sistema, que experimentan con la droga y el sexosin estar casados. Su producción tiene tal éxito que se logra exhibir en los cines, llevando a pensar a Ross en un proyecto más ambicioso, fuera ya de la organización de Graham.
Tenía entonces 52 años. Había trabajado durante quince años como director de las películas del evangelista. Su idea ahora era iniciar un nuevo proyecto de mayor impacto social, que tratara más temas que un momento de decisión en una campaña masiva del famoso predicador cristiano.

UN DIRECTOR SORPRENDENTE

Don Murray es un hombre de fuertes principios, más sociales y políticos que espirituales.Estudió teatro, debutando en Broadway a comienzos de los años cincuenta. Como objetor de conciencia, trabajó con refugiados durante la guerra de Corea. Su nombre está siempre unido al Oscar como actor secundario en Bus Stop (1956), con Marilyn Monroe.
Entre otras muchas películas y programas de televisión, Murray hizo en los años sesenta tres largometrajes en torno a algunos predicadores con inquietudes sociales, que marcaron la ciudad de Nueva York (el padre del pensamiento positivo Norman Vincent Peale, el antiguo pandillero alcohólico Tom Harris y el jesuita Charles Clark).
Murray se mostró al principio muy reticente, ya que no veía el cine como un instrumento de evangelismo. Fue por la recomendación de su amigo Tom Harris, el criminal que se había convertido en predicador en Harlem, que decidió escribir y dirigir la película La cruz y el puñal(1970). A la propuesta original de protagonizar el film, sugirió otro actor que se identificara más claramente con la fe de David Wilkerson, Pat Boone. Este cantante, actor, autor y presentador de un programa de radio se hizo un nombre con películas familiares a finales de los cincuenta, hasta iniciar su propia productora con Murray en los sesenta.
Conocido por su fe evangélica, Boone era la persona ideal para encarnar al predicador de las Asambleas de Dios, que vino a predicar a los miembros de las bandas juveniles que llenaban las calles de Nueva York durante aquella época. 
La búsqueda de una película evangélica que finalmente reflejara la vida con mayor realismo, llevó a Murray a escribir un guión que en la versión original suena con el verdadero lenguaje de la calle, como observa el crítico del New York Times. Los pandilleros que se enfrentan en estas peleas son auténticos miembros de las bandas, que incluye hasta un insospechado debut en el cine de Harry Reems (el pionero del porno duro, arrestado en 1974 por el escándalo de la película Garganta profunda) que llegó finalmente a la fe evangélica tras una vida llena de excesos.
En el casting que llevó a cabo Murray, encontró a Erik Estrada, un joven de origen portorriqueño del Harlem, que a partir de entonces llegó a ser un rostro habitual en el cine y la televisión. Su papel más conocido fue como protagonista de la serie de policías patrulleros de carretera en los años setenta, CHiPs, que se emitió en España hasta los años noventa por Antena 3. Este actor católico interpreta a Nicky Cruz, el jefe de la banda de los Mau Maus, que fue convertido por la predicación de Wilkerson.

UNA HISTORIA REAL

La cruz y el puñal, doblada a treinta idiomas, tuvo mucho impacto en países tan lejanos de la sociedad norteamericana como era Rusia. Su exhibición en los cines fue mejor recibida que ninguna otra película evangélica que se había mostrado hasta ahora en un circuito comercial.Su distribución internacional es un curioso ejemplo de cómo una historia, cuánto más transmite una realidad local, más valor universal tiene.
Es difícil pensar en algo más concreto que el problema de inseguridad que se vivió en Nueva York en aquella época –la película se desarrolla a finales de los sesenta, aunque Wilkerson llegó a la Gran Manzana a finales de los cincuenta–, sin embargo el asunto era conocido en todo el mundo, por las películas y series de televisión que se hacían entonces sobre los policías y bandas de delincuentes de esta ciudad. El film actualiza el momento de la historia –porque las pandillas de la época de West Side Story (1961) están en un ambiente ya casi setentero–, pero el enfrentamiento entre los Mau Maus y losBishops tiene un realismo hasta ahora nunca visto en las películas evangélicas. Aunque, al tratarse de verdaderos miembros de bandas, tuvieron serios problemas para que la violencia no fuera real.
Parte del éxito se debe a la colaboración de Tom Harris, el antiguo dirigente de pandillas alcohólico, que había sido convertido a la fe cristiana y ayudaba ahora a los jóvenes. Este había sido interpretado por Don Murray en una película que él mismo había escrito y producido, Cosas infantiles (Childish Things, 1969) –donde también actúa la famosa actriz de la serie Dinastía, Linda Evans, con su marido entonces, John Derek, como director–.

EL LEGADO DE WILKERSON

Al año siguiente de aparecer la película, el dibujante Al Hartley –convertido a la fe evangélica y conocido por el personaje de Archie– hizo una adaptación al cómic, que se hizo muy famosay tuve yo mismo de niño, en lengua inglesa. Mi padre estaba entonces viviendo en Nueva York, cuando se hizo la película La cruz y el puñal.
Residía en iglesias latinas que había en los barrios donde transcurre esta historia, Harlem y Bronx. Mi infancia está llena de historias de los peligros que vivió mi padre durante aquellos años. Veía desde la ventana cómo las bandas se enfrentaban en medio de la noche, o escuchaba cómo un predicador había sido muerto a navajazos junto a una máquina de refrescos del metro, donde se había despedido de él el día anterior, después de haber estado juntos en un culto. Mi padre conoció entonces el centro de rehabilitación de David Wilkerson, que llevaba ya su hermano.
Él era un predicador famoso, que podía, como Nicky Cruz, recorrer el mundo contando su historia. Lo sorprendente fue cuando andando un día por la calle 42, dominada entonces todavía por la pornografía, decidió volver a los orígenes. Alquiló un cine y comenzó la iglesia de Times Square. La renuncia de Wilkerson a convertirse en una personalidad evangélica, mostró una integridad y coherencia que le ha hecho ser admirado por muchos, aunque no compartan su perspectiva profética. La historia de cómo este pastor decidió ir a Nueva York en 1958, cuando vio la fotografía en la revista Life de siete adolescentes culpados de asesinato, es un impresionante testimonio de la fuerza de la compasión y el poder del Espíritu Santo.
Su trabajo pionero en la rehabilitación de drogadictos sigue siendo un ejemplo para todos aquellos que creemos que Dios se complace en mostrar su gracia, no para con los poderosos de este mundo, sino con los humildes.Es a los que han destruido su vida y son conscientes de su miseria, que el Señor presenta su misericordia. Puesto que “los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mt. 9:12; Mr. 2:17; Lc. 5:31).
Wilkerson fue también singular en su oposición al evangelio de la prosperidad.Cuando muchos en su medio se volvían a una concepción de la fe que “hacía mal al pobre y al necesitado”. El autor de La cruz y el puñal denuncia a estos predicadores como “lobos que han sustituido el dinero por la cruz” en un famoso sermón de 1999. En ese sentido por lo menos, su ministerio fue verdaderamente profético. Aunque la colisión con un coche, se lo haya llevado ahora de este mundo, creemos que para Dios no hay accidentes.
“Aquellos que atraviesan un valle de sombra de muerte –escribió en su blog, horas antes de su partida–, escuchen esta palabra: Lloraremos durante oscuras y terribles noches –pero en las tinieblas pronto oiremos el susurro del Padre diciendo: Yo estoy contigo; Ahora no te puedo decir por qué, pero un día todo tendrá sentido. Verás que todo formaba parte de mi plan. No era un accidente. No fue un error por tu parte. ¡Agárrate fuerte!, ¡déjame abrazarte en la hora del dolor!”. No hay duda que ahora disfruta de ese abrazo eterno. 

Fuente: Protestante Digital/ Radio Solidaria (http://radiosolidaria.com)

RECORDANDO A ROBIN WILLIAMS

                   
Cuando más lo necesitaba, la ayuda le llegó de quien menos lo esperaba.

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Ellen Hawkes
publicado en selecciones en abril de 1999

Desde el cuarto de juegos de la mansión en que vivía, Robin Williams, entonces con ocho años, miraba sobre las copas de los árboles que rodeaban las elegantes casonas de Bloomfield Hills, suburbio de Detroit. Como sus padres siempre estaban ocupados y no tenía hermanos o vecinos con quienes jugar, Robin se pasaba las horas leyendo o representando batallas famosas con su enorme colección de soldados de juguete.

No obstante, esa tarde esperaba ansioso la llegada de su padre. Por fin, un coche se detuvo frente a la casa.
Robert William, ejecutivo de la Ford Motor Company, era una figura imponente para su hijo. Hacía gala de una reserva y una dignidad casi británicas, e insistía en la disciplina, el trabajo duro y el dominio de sí mismo.
Robin le dio el sobre que había traído del colegio.
“¿Qué es esto?”, preguntó Robert.
“Mis notas, señor”, contestó el niño.
El padre miró las notas y, sonriendo, contó los “excelentes” que llenaban la página.
“Bien hecho”, dijo. “Ahora vamos a cenar”.
Robin estaba ávido de recibir elogios, pero eso no sucedería más aquella tarde de 1959. Haciendo un esfuerzo por ocultar su decepción, se dirigió en silencio al comedor. Sabía que su madre no solo le daría un abrazo por sus buenas calificaciones, sino que también se reiría de los chistes que él había oído ese día.
Laurie Williams y su hijo tenían un vínculo especial. Ella había sido modelo, y era una mujer simpática y encantadora. Cada vez que el chico contaba un chiste o imitaba a su padre, Laurie soltaba una carcajada. La creatividad de Robin florecía en su presencia, pero cuando armaba demasiado jaleo, ella le recordaba las estrictas reglas de conducta impuestas por su marido.

Un sueño mal encauzado El muchacho demostró estar a la altura de las expectativas de Robert. Tras finalizar el instituto, se inscribió en una prestigiosa universidad del sur de California para estudiar políticas y economía. Sin embargo, durante el primer año escogió una materia que incluía improvisación teatral, y supo que había hallado su destino. A medida que daba rienda suelta a su creatividad y su enorme expresividad, la pasión por la actuación se apoderó de él hasta el punto de que suspendió las demás materias.
Cuando terminó su semestre de primavera, Robin regresó a casa de sus padres, que se habían ido a vivir a Tiburón, un pequeño pueblo en la bahía de San Francisco. Nervioso, habló con su padres sobre las asignaturas suspensas.
“No pienso seguir pagándote los estudios para que suspendas”, le dijo aquél con brusquedad. “No importa”, respondió Robin. “He encontrado mi verdadera vocación: voy a ser actor”. Robert se calló. Tenía la impresión de que su hijo carecía de disciplina y sentido práctico, lo que podría ser un obstáculo para que alcanzara sus metas. “No está mal tener un sueño”, le dijo, “pero aprende un oficio, como el de soldador, por si acaso”.
El padre tenía razón al estar preocupado. Robin comenzó a asistir a clases de interpretación, primero en la zona de la bahía de San Francisco, y después en la prestigiosa escuela Juilliard, en la ciudad de Nueva York. El vivo ingenio del joven y su habilidad para improvisar arrancaban carcajadas a sus profesores y compañeros, pero su impetuosidad a veces daba al traste con su ambición. En el último semestre en la Juilliard, Williams se enamoró de una mujer que vivía en San Francisco y dejó los estudios.
Estrella en ascenso Cuando esa relación terminó, Williams comenzó a trabajar de cómico en pequeños locales nocturnos. Encontró en ello una válvula de escape para su energía, sus rapidísimas asociaciones libres y sus impredecibles cambios de acento: su estilo característico que él llamaba en broma “actitud maniacodefensiva”. En un momento estaba imitando a Richard Nixon, y al siguiente a un inmigrante ruso. A los 25 años, el joven era una estrella en ascenso.
En 1978 se había trasladado a Los Ángeles, donde le dieron el papel de un extraterrestre amistoso en la serie de televisión “Mork y Mindy”. El programa y Williams se hicieron famosos de la noche a la mañana.
Aun así, tuvo que pagar un precio por ser el aclamado comediante que se esperaba que fuera. A sus padres no les pasó inadvertido el frenesí con el que su hijo estaba viviendo.
“No tienes que ser gracioso todo el tiempo”, le aconsejó Laurie, pero Robin no parecía ser capaz de atenuar sus excesos.
Durante los siguientes cuatro años, al menguar la popularidad de su programa, Williams se preguntó si su fama no habría sido una ilusión. Su angustia creció cuando sus primeras películas, Popeye y El mundo según Garp fueron mal acogidas. El actor intentó mitigar su inseguridad con drogas y alcohol; sentía que la vida se le escapaba de las manos. Los críticos calificaron su actuación de insulsa y dudaban de que Williams tuviera la disciplina y el carácter necesarios para lograr una interpretación con matices. A veces el actor volvía a ser aquel niño que buscaba la aprobación de su padre, solo que en esta ocasión trataba de obtenerla de desconocidos.

Charlas profundas En 1982 dos sucesos hicieron reaccionar a Williams. Valerie Velardi, la mujer con quien se había casado en 1978, estaba esperando a su hijo, Zachary. Y un amigo de Robin, John Belushi, murió de una sobredosis de droga. Impresionado, se dio cuenta de que él podría correr la misma suerte.
Regresó a San Francisco, pero sus problemas apenas habían comenzado. No lograba despegar como actor, y su matrimonio estaba naufragando (finalmente él y Valerie se divorciaron en 1988). Para colmo de males, su padre estaba enfermo.
Por las tardes, Williams solía ir de visita a la casa paterna. La sensación de que se les estaba yendo el tiempo hizo que Robert dejara de lado su rígido hermetismo y Robin se quitara la máscara de cómico.
“No quisiera perder a mi familia ni mi carrera”, dijo Robin. “Supongo que por eso he regresado a casa”.
“¿Sabes?”, respondió Robert con suavidad, “cuando murió mi padre, el negocio familiar quebró. Yo era un adolescente, pero tuve que trabajar en una mina de carbón para ayudar a mantener a la familia.
En las siguientes semanas le confió a su hijo las experiencias que moldearon su vida: aquellos desgarradores momentos durante la Segunda Guerra Mundial cuando vio morir a muchos hombres al ser alcanzado su barco por un kamikaze; la tristeza que sintió al fracasar su primer matrimonio. También le habló de las horas que pasó viajando para resolver los problemas que surgían en las plantas de la Ford, y del arrepentimiento que sentía por no haber dedicado más tiempo a la familia.
Robin empezó a entender muchas cosas, como la razón de que su padre renunciara a la Ford en 1967.
“La industria del motor iba en picado”, dijo Robert. “Me gustaba mucho mi trabajo, pero a ellos lo único que les importaba era producir más y más coches. Ya no se enorgullecían de sus productos, y yo no podía cruzarme de brazos”. Robin entendió que debía decidir cómo vivir su vida. Inspirado por el valor de su padre, supo que él también tendría que arriesgarse.

Retomando las riendas Robert Williams murió en 1987, cuando la vida y el trabajo de su hijo empezaban a tomar forma. Ese año, Robin fue nominado para un premio de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas por su caracterización de un animador de radio en la película Buenos días, Vietnam.
A partir de entonces, los críticos notaron una nueva introspección en Williams. Sus interpretaciones eran más profundas, complejas y sutiles; ya no era solo un bufón. Por primera vez estaba representando papeles serios con serenidad y madurez.
El actor siguió haciendo reír al público en comedias como Señora Doubtfire y La jaula de los pájaros, pero incluso en ellas mostró su recién adquirido dominio de sí mismo.
En su vida personal también encontró paz interior. En 1989 se casó con Marsha Garces, y tuvieron una hija, Zelda [hoy de 25 años], y un hijo, Cody [22 años]. Williams decidió limitar su trabajo para pasar más tiempo con sus tres hijos.
En 1997 aceptó un papel en El indomable Will Hunting, película sobre un psicoterapeuta que trata a un joven lleno de ira. Williams sintió que el papel había sido escrito para él, pues le recordó que él había sentido hacia su padre a medida que la relación se transformaba. Su actuación fue emotiva, graciosa y triste, y a nadie le sorprendió su nominación para recibir un premio de la Academia.
En la ceremonia de entrega de los Oscar, en 1998, sentado entre Marsha y su madre, se emocionó al escuchar que había ganado el premio al mejor actor de reparto.
Al recogerlo, alzó la estatuilla y dijo:
“Mi padre me aconsejó que fuera soldador, por si acaso”.
El público rio, pero solo Williams y su madre conocían la profunda influencia que Robert había tenido en el éxito del actor. Al ver a Robin, Laurie supo que su hijo, entonces de 46 años, al mirar al cielo decía:
“Mira papá, aquí está. Lo he hecho por ti”.

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Robin Williams fue hallado sin vida en su casa de California el pasado 11 de agosto, a los 63 años.

Fuente: http://www.readersdigestselecciones.es

EL ÚLTIMO LATIDO DE UN GRANDE CORAZÓN

                                                   

No lamentamos la decisión que tomamos en 1994

                                                El último latido de un grand corazón - Selecciones



Red Green


El niño que recibió el corazón de mi hijo falleció el pasado 7 de febrero, aunque ya tenía 37 años. Pero cuando mi hijo Nicholas, de siete años, recibió un disparo mientras intentaban robarnos el coche unas vacaciones en Italia, Andrea Mongiardo tenía solo 15.
En el hospital de Sicilia, mi mujer, Maggie, y yo decidimos donar los órganos y córneas de Nicholas para trasplante. Los recibieron de forma directa siete italianos en estado grave, cuatro de ellos adolescentes.
Andrea vivía en Roma y entraba y salía del hospital continuamente debido a sus problemas de corazón. Se había sometido a varias operaciones que no habían logrado ayudarlo, y en el momento de la muerte de Nicholas, en 1994, estaba recibiendo transfusiones de sangre dos veces por semana. Según las palabras de su médico, Andrea estaba “luchando por sobrevivir”. Sus padres estaban desesperados, sabían que un trasplante no era solo su mayor esperanza, sino más bien, su única oportunidad.
En aquellos días, el índice de donaciones de órganos en Italia estaba entre los más bajos de toda Europa Occidental. Las posibilidades de que Andrea consiguiera un corazón nuevo a tiempo para salvar su vida eran muy pocas, prácticamente inexistentes.
Tal vez el aspecto más desgarrador de estar en una lista de espera para trasplante es que los pacientes no pueden hacer absolutamente nada para ejercer presión cuando surge la disponibilidad de un nuevo órgano, si es que alguna vez sucede. Su futuro depende por completo de que una familia a la que jamás han visto decida voluntariamente dejar a un lado su propio dolor para ayudar a completos desconocidos.
Cuando nos informaron a Maggie y a mí de que Nicholas no tenía actividad cerebral, fue ella quien dijo, con su espíritu reflexivo habitual: “¿No deberíamos donar sus órganos?”. No teníamos ni idea de cómo se desarrollarían las cosas, quiénes podrían salvarse ni cómo serían esas personas. Pero nos dimos cuenta de que podíamos obtener algo bueno de lo que de otra forma solo hubiera sido un acto de violencia sin ningún sentido. Lo que nunca imaginamos era que la noticia de nuestra decisión se difundiera tanto, y fue tal la repercusión que durante los diez años siguientes los índices de donación de órganos allí se triplicaron, un aumento que no tuvo comparación con las cifras de ningún otro país. Como resultado, miles de personas que hoy están vivas podrían haber fallecido.
Algunos de los receptores de los órganos de Nicholas estaban a punto de perder la vida. Uno era un paciente diabético que estaba ya casi ciego, no podía caminar sin ayuda y dependía completamente de otros. Tras recibir las células pancreáticas de Nicholas, se mudó a un piso propio por primera vez en su vida.
Una joven de 19 años recibió el hígado de Nicholas. El día que él murió, ella estaba en coma. Recuperó la salud, se casó con su novio de la infancia un año después, y al año siguiente, tuvieron un hijo al que llamaron Nicholas. Hoy es un joven alto y guapo sin rastros de la debilidad hepática de su familia.
Andrea tardó más tiempo en recuperarse. Había estado enfermo tanto tiempo que sus fuerzas estaban muy debilitadas y, mientras que los otros seis pronto retomaron su vida, él volvía lentamente de la oscuridad de la muerte. Pero cuando finalmente lo logró, fue de verdad. Consiguió un trabajo, jugó al fútbol y vivió con mucha mayor normalidad que lo que jamás había experimentado antes.
Y así fue durante todo este tiempo hasta que recibimos un correo electrónico. “Su corazón aún funcionaba”, nos informó el antiguo médico de Andrea, “pero sus pulmones desarrollaron fibrosis a causa de la toxicidad de los medicamentos vinculados con el tratamiento de quimioterapia que recibió tres años antes tras un linfoma. La causa de muerte fue fallo respiratorio”.
Fue una noticia desmoralizante, como la pérdida de un sobrino que nadie hubiera pensado que se iría antes que tú. Pero no sentimos como si Nicholas hubiera vuelto a morir, como afirman algunos médicos que les sucede a las familias de donantes. Y, por supuesto, no nos arrepentimos de la decisión que tomamos en 1994.
Cuando los medios italianos le preguntaron en aquel momento a Maggie qué sentía al pensar en el corazón de nuestro hijo trasplantado en el pecho de otro niño, ella respondió: “Siempre quise que Nicholas viviera una larga vida. Lo que espero ahora es que sea su corazón el que viva mucho tiempo”.
Lamentablemente, el corazón de Nicholas no llegó a vivir tanto. Pero sí desempeño un noble papel durante más de dos décadas. No me sorprende: siempre supe que era de oro puro.
Fuente: http://www.readersdigestselecciones.es

Todo tiene su tiempo