sábado, 23 de enero de 2016

El antídoto para los reformados deformados

   

Por: Steven Morales

Hay un fenómeno extraño y lamentable dentro del movimiento reformado. Algunos les llaman “los calvinistas enojados” o “los reformados deformados”. Estos se caracterizan por una actitud negativa hacia otros cristianos con quienes no están de acuerdo (particularmente en asuntos de soteriología y la soberanía de Dios). También se caracterizan por una postura excesivamente entusiasta en cuanto al calvinismo, una disposición sarcástica con los demás, y una sensibilidad de elitismo teológico. Tal vez te has topado con uno. Alguna persona testaruda que siempre encuentra una forma de convertir cualquier conversación en un debate sobre el libre albedrío y la soberanía de Dios. Alguien que pasa mucho tiempo burlándose de los falsos maestros y de sus seguidores en los foros de Facebook o en la sección de comentarios en YouTube. O incluso aquel que no se asocia con ninguna persona que no tenga la misma postura teológica que él.
Ahora bien, ¡las doctrinas de la gracia son hermosas! Personalmente, ser un calvinista me ha dado una visión más grande de Dios, una apreciación más profunda del evangelio, y me ha ayudado a experimentar la gracia de Dios como nunca antes. Estas doctrinas son lentes que me han ayudado a entender verdaderamente el significado de la centralidad del evangelio.
Pero si esto es cierto, ¿por qué se vuelven algunos reformados en personas de tan poca gracia?

¿Por qué se deforman algunos de los reformados?

Antes que nada, debemos reconocer que estamos hablando de un estereotipo generalizado, no una verdad absoluta. Sí, hay calvinistas desagradables, pero no todos son así. Y de la misma manera en que se encuentran personas sarcásticas, enojadas, y obstinadas entre los reformados, puedes encontrar a personas de esta descripción en cada tribu de la Iglesia. Sin embargo, ¿por alguna razón existe el estereotipo, no? John Piper opina que hay tres razones por las que algunos que encuentran las doctrinas de la gracia se pueden convertir en personas de poca gracia.
  1. El rigor intelectual. La primera razón es que las doctrinas de la gracia tienden a atraer a personas por su rigor intelectual. Después de todo, son unas doctrinas muy coherentes y fuertes. Eso tiende a atraer a personas argumentativas. Entonces, algunos reformados actúan de esta manera porque aunque se adhirieren a una teología sana, sus corazones no están sanos. Las doctrinas de la gracia han llegado a sus mentes, pero no a sus corazones. Por esta razón, es muy importante no solo enfocarnos en la doctrina de un creyente, sino también en su carácter. De hecho, es totalmente posible que una persona tenga toda la información y teología correcta pero siga confiando en sí mismo para su salvación.
  2. El enojo por el engaño. La segunda razón que ofrece Piper es que algunos reformados pueden parecer enojados… ¡porque lo están! Están enojados porque pasaron tanto tiempo en iglesias donde nunca hablaron sobre la gracia de Dios o bajo el liderazgo de pastores abusivos que les robaron el tiempo, el dinero, y un entendimiento verdadero del evangelio. Están enojados por haber sido engañados por tanto tiempo. Si esta es tu historia, no estás solo(a). Hay muchos cristianos que han vivido engañados en sus iglesias por años antes de realmente conocer a Dios. Esto es trágico, pero cada uno debe ser cauteloso en no dejar que su enojo se convierta en pecado.
  3. Entusiasmo por evangelizar. La última razón por la cual los reformados a veces pueden parecer ser muy deformados es por su entusiasmo por compartir el calvinismo con los demás. Claro, no hay nada malo con tener entusiasmo por evangelizar! Más bien al contrario, a muchos de nosotros nos hace falta ese entusiasmo. Pero lo que caracteriza al deformado no es su entusiasmo por las personas que evangeliza, ni por el evangelio, sino por el calvinismo. No tanto quiere ver a personas llegar a Cristo, sino a una postura teológica sobre Cristo.

¿Cuál es el antídoto?

Interesantemente, el antídoto a la deformación del reformado es la misma que la fuente de su formación, o reformación. Si las doctrinas de la gracia han convertido a alguien en una persona que menosprecia a personas de otras posturas teológicas, que piensa que no puedes ser salvo al menos de que seas calvinista, que está enojada con la Iglesia por el dolor que te han causado, debe examinarlas un poco más cerca.
Al hacer eso el que vea la depravación total verá que enseña que es un terrible y absoluto pecador que inmerecedor, y que sin embargo, recibe la salvación de Dios (Ef. 2:1). Y esto lo comparte con todas las demás personas, incluyendo aquellos con quienes está en desacuerdo. Así se dará cuenta que ¡tienen algo en común después de todo!
El que vea la elección incondicional verá que significa que Dios le escogió no sobre la base de sus obras o conocimiento, sino sobre la base de Su conocimiento y buena voluntad (Ef. 1:3-6). Y no importa si comparten la misma postura que él, él debe mostrarles la misma gracia que le ha sido mostrada en Cristo.
El que vea la redención particular verá que enseña que Cristo cumplió toda la obra de salvación en nuestro lugar (1 Pe. 2:24), haciendo de ella una obra no simplemente posible, sino segura (Ro. 8:38-39). Y al proclamar el evangelio, lo hará sabiendo que es Cristo quien salva, no sus argumentos, estrategias, o habilidad.
El que vea la gracia irresistible de Dios verá que es la razón por la que cree en Él (1 Co. 4:17). Y nunca se felicitará por ser “mejor” o “más cristiano” que los demás, sino que reconocerá que es un recipiente de gracia que mucho ha recibido y mucho tiene para dar a los demás.
Finalmente, el que vea la perseverancia de los santos verá que es gracias a Dios, no a él. El terminará lo que inició en nosotros: nuestra redención, desde el principio hasta el fin (Fil. 1:6). Y Él preservará a todos quienes ha salvado, a pesar de que sean calvinistas o no.
Claro, se podría decir mucho más sobre las doctrinas de la gracia, pero el punto es que estas humillan al hombre, no lo enorgullecen. Nos hacen pequeño y a Dios grande. Creer en las doctrinas de la gracia significa creer que Su gracia es para todos los creyentes, incluso aquellos que no comparten la misma postura sobre las mismas. Entonces, no dejemos que las doctrinas de la gracia se vuelvan un punto de contención entre nosotros y otros cristianos, y no seamos evangelizadores de una postura cristiana. Dejemos que nos impulsen a amar al cuerpo de Cristo, y ser evangelizadores de Cristo.

Fuente: http://www.thegospelcoalition.org/

viernes, 22 de enero de 2016

LA “INCLUSIÓN” Y EL CRISTIANISMO

   La “Inclusión” y el Cristianismo

Por: Pr. Gadiel Rios

INCLUSIÓN – “Introducción de una cosa en el interior de otra o dentro de sus límites”
“Inclusión” es la palabra del momento en nuestra sociedad postmoderna. Se refiere a “dejar entrar” a aquellos que se consideraban al margen de la norma, de lo establecido. Cuando lo traemos al contexto de la iglesia muchos hermanos están reclamando lo siguiente:
1 Nadie tiene la verdad absoluta; con su corolario: “hay muchos caminos a Dios”
2 Jesús solo habló y mostró amor, no “doctrina”; con su colorario: Las “doctrinas y dogmas” son inventos de las Iglesias para controlar la mente de la gente
Así piensan los postmodernos en general y no nos debe sorprender que la masa de gente en el mundo les sigan. Pero existe un grandísimo peligro cuando los hermanos en la fe ven las cosas de la misma manera. ¿Por qué?:
1 La verdad absoluta existe - De hecho eso es lo que predicamos. De no ser así, ¡cerremos las Iglesias y olvidémonos de toda esta patraña! Cuando somos confrontandos por el mundo y nuestro corazón duda, necesitamos recapitular en nuestro “cristianismo”. ¿En que creemos? ¿Dónde está fundamentada nuestra fe?:
• “Y sin embargo a mí, que les digo la verdad, no me creen… Si digo laverdad, ¿por qué no me creen?” (Juan 8:45-46)
• "Yo soy el camino, la verdad y la vida,le contestó Jesús. Nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6)
• “El Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce” (Juan 14:17)
• “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad.” (Juan 17:17)
2 Jesús fue quien enseñó doctrina – Doctrina es “instrucción”, y ésta es la que luego pasaron los apóstoles de boca en boca y en sus escritos contenidos hoy en la Biblia. Cristo vino a clarificar la verdad acerca del mundo, de la vida, de la muerte, de la relación del hombre con Dios y con su prójimo. Esa “verdad” tiene pies y cabeza, y está contenida en un conjunto de declaraciones absolutas establecidas por su propia boca. En el cielo no hay grises, puntos medios, ni consenso. Dios es santo, separado, y él establece la separación entre lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto, lo blanco y lo negro, el cielo y el infierno. Al mundo no le gusta lo que oye, porque le acusa. Nosotros le hacemos un flaco servicio a los hombres (¡y de facto los odiamos con todas nuestras fuerzas!) cuando les negamos el beneficio de escuchar la verdad que los liberará de su muerte eterna.
• “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de sudoctrina” (Mateo 7:28)
• “Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.” (Juan 7:16)
• “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.” (Juan 7:17)
• “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hechos 2:42)
• “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.” (Romanos 16:17)
Si estos dos puntos están tan claramente establecidos en la Palabra ¿por qué los cristianos los estamos rechazando?
1 No queremos perjudicarnos personalmente – Esta “cobardía” está bien fundamentada. Si somos odiados por nuestros hermanos y amigos, gobierno e instituciones, ¡nuestra vida sera una miseria en esta tierra!... ¡Bienvenido al verdadero cristianismo!:
• “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.” (Juan 15:18-19)
2 No queremos renovar nuestras ideas – Todo este problema es producto de que los cristianos estamos pensando como piensa el mundo. Por definición somos una “contracultura”, o sea que “nadamos en contra de la corriente”. Esto implica que a lo que el mundo llame “bueno” (en la mayoría de las veces) tendrá un componente de pecado y rebeldía contra la verdad de Dios.
• “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante larenovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2, NVI)
Hoy por hoy “lo establecido” ha perdido su posición ante la nueva “mentalidad de apertura”. Pero esta mentalidad no es la mentalidad de los hijos del Reino de Dios. Somos aquellos que con grande amor, con cuidados extensos, con la maxima solicitud, sin pedir nada a cambio, le advertiremos al mundo de su extravío, antes de que sea demasiado tarde. ¡Esto es “amor”! ¡Es el mismo amor que Jesús mostró al venir a la tierra para enseñar y modelar la “doctrina” del cielo!

Fuente: http://www.reformados.org/

¿QUÉ ES SER UN CRISTIANO?

   ¿Qué es ser un cristiano?  (Parte 1)

Por Pr. Gadiel Rios

Adoniram Judson fue un niño prodigio. Nació en Massachustes en el 1788, hijo de un ministro congregacionalista. A los 3 años ya sabía leer, a los 10 tomó clases de navegación, a los 12 daba clase bíblica a los adultos de la congregación que dirigía su padre, a los 16 entró en el Colegio Providence (hoy Brown University, una reconocida universidad Ivy League), y a los 19 se graduó como el valedictorian de su clase. Sin embargo, a pesar de su inteligencia, educación cristiana y ministerio juvenil,

 Adoniram se apartó de su fe ya saliendo de la universidad. Había conocido a un inteligentísimo joven llamado Jacob Eams, un deísta escéptico, quien destruyo su fe. Adoniram le comunicó a sus padres su nueva meta de ser un intelectual famoso, y se mudo a Nueva York a fundar una escuela, en donde escribió una gramática para niñas.

Su vida se vino abajo experimentando una “vida licenciosa y salvaje”, mientras viajaba que con un grupo de artistas itinerantes. De camino, llego a un hotel muy cansado, donde pidió un cuarto. Lo único que pudieron darle fue una habitación al lado de un hombre moribundo y maloliente. Adoniram estuvo toda la noche escuchando al hombre quejarse de dolor y gritar obsenidades profanas.
 Adoniram sintió una profunda desesperación por el individuo y se preguntó “¿Estará listo? ¿Tendrá paz en su alma?”, aun cuando él mismo había negado la realidad espiritual para su propia vida. En la mañana despertó, y preguntó por el hombre enfermo. Éste había fallecido en la noche y al preguntar por su nombre recibió un impacto: Jacob Eams, su amigo escéptico de la universidad. Adoniram salió del hotel desesperado, llorando y gimiendo “muerte, infierno, muerte, infierno”. Al lado del camino, entregó su corazón a Dios.
El comienzo: “Tienes que nacer de nuevo”
Jesús se encontró una noche con un maestro de la Ley, Nicodemo, un conocedor profundo de la teología y doctrina, que al igual que Adoniram, estaba perdido y muerto, listo para el infierno, sin aún saberlo. A este hombre Jesús le dijo: “Es necesario que nazcas de nuevo”. Todas y cada una de las religiones del mundo te dicen que debes luchar con disciplina y mucha fuerza de voluntad, hasta alcanzar un estado de ética y moralidad (o “santidad”), que te hará digno de un lugar privilegiado en el mundo por venir.
 A esto la Palabra de Dios se refiere cuando habla de la “salvación por obras” y es un grave error espiritual que ciertamente nos lleva a la perdición eterna. Aun así muchos creen en un cristianismo barato que nos dice que para ser un “buen cristiano” lo único que necesitamos es cumplir con las enseñanzas éticas y morales de Jesús. Pero la Palabra establece que lo primero que debe ocurrir es un encuentro individual, personal, profundamente intenso, entre el Espíritu de Dios y nuestro espíritu.
 Es el Espíritu quien nos hace entender la realidad de nuestra condición; que estamos perdidos, muertos y listos para el infierno eterno. También nos muestra que solo sometiendo nuestra voluntad a Jesús, dejándolo ser a él nuestro Salvador y Señor, podremos tener la seguridad de un presente de propósito y una eternidad de paz y amor.


Fuente:http://www.reformados.org/

jueves, 21 de enero de 2016

¿CÓMO RECONOCER A UN FALSO PROFETA?

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Por: Will Graham

En sus exposiciones sobre el Sermón del monte, el querido predicador evangélico Dr. Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) tomó tiempo para instruir a su congregación en Londres sobre el peligro de los falsos profetas. Basándose en Mateo 7:15

 –“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”- Lloyd-Jones ofreció las siguientes observaciones perspicaces.

1.- Un falso profeta no tiene ‘puerta estrecha’ en él ¿Cómo se puede describir a los falsos profetas? Según el pastor galés, “La forma más adecuada de contestar es decir que no hay puerta estrecha en ellos, que no hay ‘camino angosto’. Lo que dicen está bien, pero no incluye esto. Es una enseñanza cuya falsedad hay que detectarla por lo que no dice más bien por lo que dice”. No hay nada en el falso profeta que ofenda al hombre natural. Es el tipo de predicador que agrada a todos por lo tanto todos hablan bien de él. No tiene enemigos. Nadie le persigue por sus mensajes. Sabe comportarse en cualquier contexto y “se hace todo a todos”. Es carismático, dinámico, popular, agradable a la vista y al oído. En suma, “Muy consolador, muy tranquilizante; siempre es así el falso profeta, en su vestido de oveja; siempre inofensivo y agradable, siempre, invariablemente atractivo”

 2.- Un falso profeta no predica doctrinalmente ¿De qué manera se da a conocer este espíritu tan inofensivo del falso profeta? Contesta Lloyd-Jones diciendo, “Se manifiesta en general en una ausencia casi total de doctrina en cuanto tal en el mensaje. Siempre habla con vaguedades y en forma general; nunca desciende a detalles doctrinales. No le gusta la predicación doctrinal; siempre es muy vaga”. En vez de enseñar al pueblo de Dios sobre la sana doctrina para que sean edificados en la fe, el falso maestro se limita exclusivamente a mensajes bonitos y positivos con el fin de elevar los espíritus de la congregación. En sus sermones, los sentimientos, las emociones, las risas y hasta las lágrimas ocupan el lugar que debe corresponde a la exposición de la verdad de Dios.

 3.- Un falso profeta sólo predica sobre el amor de Dios El falso profeta no dice nada sobre la santidad ni la justicia ni la ira de Dios. Su ‘dios’ es una deidad que él mismo ha inventado en base a sus antojos carnales. “Siempre predica acerca del amor de Dios y nunca menciona las otras cosas. Nunca hace temblar a nadie cuando habla de este Ser santo y augusto con el que todos debemos enfrentarnos”. La teología propia del falso profeta, pues, está totalmente distorsionada. Sólo entiende a Dios a luz de sus propios caprichos. Esta es la razón por la cual esconde la verdad. Quiere ser agradable, inofensivo y popular por consiguiente pasa por alto muchos textos de la revelación bíblica tocante a Dios.

 4.- Un falso profeta no enfatiza el juicio final ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste un mensaje sobre el juicio final? Algo que el falso predicador no declara nunca es que se acerca el gran día del juicio. En este sentido, el falso profeta no tiene nada en común con los profetas del Antiguo Testamento ni con los apóstoles del Nuevo ni con el mismo Señor Jesús ya que todos ellos hacían hincapié una y otra vez en el juicio venidero. Los falsos profetas se caracterizan por un espíritu liviano que no toma en serio las amenazas del Santo de Israel. Proclaman “paz, paz” cuando no hay paz. E incluso algunos de ellos se oponen a los auténticos voceros de Dios porque sus sermones resultan demasiado incómodos y ofensivos. 

5.- Un falso profeta no hace mención del pecado Puesto que el falso profeta no quiere caerle mal a nadie, tampoco dedica mucho tiempo al tema del pecado. Es una palabra que no aparece en su vocabulario. Cree, en última instancia, que el ser humano es más o menos bueno. Sí, tiene sus imperfecciones pero no está del todo mal. “No dice que todos somos perfectos; pero sí sugiere que el pecado no es grave”. Dada su falta de interés en el pecado tanto original como individual, tal predicador no pone de manifiesto la profunda incapacidad del hombre para hacer algo por su propia salvación. Esto produce una especie de doctrina humanista donde el hombre se convierte en el agente activo de su propia salvación, la cual es una negación explícita del Evangelio de la gracia.

 6.- Un falso profeta no predica sobre el Jesús bíblico Tanto la teología propia como la cristología del falso predicador son peligrosas. El atributo favorito del falso maestro es el amor, el amor, el amor de Jesús. Habla en términos generales y ambiguos acerca del Salvador pero no explica la grandeza del aspecto expiatorio de su sacrificio y muerte vicaria. Predica sobre Jesús de una forma sentimentalista pero no de una manera teológicamente correcta. “Habla acerca de los que estaban en torno a la cruz y habla de forma sentimental acerca de nuestro Señor. Nada sabe acerca de la ‘ofensa de la cruz’ de Pablo. Su predicación de la cruz no es ‘para los gentiles locura’ ni ‘para los judíos ciertamente tropezadero’. A través de su filosofía, le ha quitado todo efecto a la cruz”. ¿Cuál es esta filosofía? Es la filosofía de amor y sentimiento, la única clase de filosofía en la cual el mundo está interesado. Da reflexiones bien preciosas sobre Jesús de Nazaret desde una perspectiva estética y ética, no obstante, las mismas están desprovistas de cualquier contenido doctrinal. 

7.- Un falso profeta no habla sobre el arrepentimiento Como regla general, el falso predicador no cree en el arrepentimiento porque tampoco cree en la perdición eterna del alma. Ya que todos somos más o menos buenos y Dios es un ser puramente emocional, el Padre celestial será el Padre de todos y concederá la vida eterna a todos. El estilo de predicación del hermano falso está diametralmente opuesto a aquél de los puritanos y de otros gigantes del evangelismo tales como George Whitefield y John Wesley porque no se percibe ni una pizca del temor de Dios en sus mensajes. No habla sobre la necesidad de negarse a uno mismo ni sobre el llamamiento a apartarse del mundo de pecado. “El falso profeta no enfatiza la necesidad absoluta de entrar por la puerta estrecha y andar por el camino angosto”.

 8.- Un falso profeta no cree en el autoexamen La última observación de Lloyd-Jones es que el falso profeta desaconseja el autoexamen. ¿Por qué? Porque el autoexamen es incómodo. “Casi sienten que examinarse a sí mismo es herético”. El autoexamen, además de ser un mandato sacado directamente de la Biblia, promueve la mortificación del pecado. Pero esto no agrada al falso maestro ya que quiere una salvación fácil y una vida cristiana repleta de inmadurez, carnalidad y muchas risas. El falso profeta no es sobrio ni solemne. No conoce el temor de Dios. No tiene peso espiritual. 

Conclusión 

Martyn Lloyd-Jones, estando muerto, todavía habla. En una generación dónde el pecado más grave parece ser el ofender a alguien o hablar de una manera políticamente incorrecta, haríamos bien en volver a asimilar las observaciones del gran pastor de almas galés. Para recapitular lo que hemos aprendido hoy, el falso profeta: no tiene puerta estrecha en sí, no predica doctrinalmente, sólo predica sobre el amor de Dios, no enfatiza el juicio final, no hace mención del pecado, no predica sobre el Jesús bíblico, no habla sobre el arrepentimiento y no cree en el autoexamen.  


Fuente: Protestantedigital.com 
Imagen : hectorgod

MISIONES EN LATINO AMÉRICA






“Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, Mateo 28:19-20
En muchos países en América Latina pareciera haber una iglesia en cada esquina. A pesar de que el Catolicismo es la religión imperante, cada vez más y más iglesias evangélicas abren sus puertas en nuestros países. Esto ha llevado a muchos a pensar que América Latina ha sido evangelizada, y a que grandes asociaciones misioneras pasen por alto nuestro continente.
En esta ocasión, Greg Travis, Justin Burkholder y Juan Sánchez dialogan sobre por qué este no es el caso. Estos pastores comparten sus experiencias y los desafíos que ven en la iglesia latina, ministrando en contextos diferentes a sus nacionalidades.


miércoles, 20 de enero de 2016

EL PECADO QUE LLEVA A LA MUERTE

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Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, ore por 
él y Dios le dará vida. Me refiero a quien comete un pecado que no lleva a la muerte. Hay un pecado que sí lleva a la muerte, y en ese caso no digo que se ore por él. (1 Juan 5:16)
Uno de los resultados de tener seguridad de nuestra salvación es tener la confianza de que nuestras oraciones serán oídas y contestadas afirmativamente cada vez que pedimos alineándonos a la voluntad de Dios. En el pasaje citado arriba, Juan habla de la oración diciéndonos de qué podemos estar seguros cuando oramos los unos por los otros.
Específicamente, Juan nos dice que si oramos por un hermano que comete un pecado «que no lleva a la muerte», ese pecador obtendrá el favor de Dios. Pero por otro lado, hay un pecado que lleva a la muerte, y aunque Juan no está exactamente prohibiendo orar por el hermano que lo comete, su lenguaje sugiere que no deberíamos preocuparnos de orar por aquellos que cometen el pecado que lleva a la muerte (1 Juan 5:16).
Este es un pasaje muy difícil, principalmente porque no hay una claridad absoluta sobre qué exactamente quiere decir Juan al hablar del pecado que lleva a la muerte. Dicha muerte se refiere a la muerte eterna, y por tanto, parece probable que Juan esté entendiendo que hay al menos un pecado imperdonable. Se han sugerido diversas posibilidades con respecto a este pecado, tales como la blasfemia imperdonable contra el Espíritu Santo mencionada por el propio Jesús (Marcos 3:28-30). Otros mencionan una negación persistente a escuchar el evangelio. Aunque es difícil estar seguro, estas diversas posibilidades no se pueden separar en forma estricta. La blasfemia contra el Espíritu Santo se entiende comúnmente como una negación consciente de su actuar en el ministerio de Jesús aun cuando la persona sabe todo lo que necesita para no pensar así. Ciertamente un abandono definitivo de la fe entraría en esta categoría ya que dicha apostasía sólo la pueden cometer quienes ya tienen algún conocimiento de la verdad. Semejante blasfemia daría naturalmente como resultado un corazón indispuesto a responder con fe al evangelio.
Aunque en apariencia las palabras de Juan implicarían que un hermano podría cometer este pecado, no está diciendo que sea posible que un hijo elegido de Dios caiga a este punto. Se puede usar el término «hermano» con cualquier cristiano profeso, tenga o no tenga la fe que salva. Claramente, Juan sabe que los verdaderos creyentes no cometerán el pecado que lleva a la muerte. Aunque podamos pecar, los creyentes no persistirán en un pecado sin arrepentimiento que los lleve a un endurecimiento definitivo del corazón (1 Juan 5:18).
DE CARA A DIOS
Aunque tengamos que luchar para entender qué es el pecado que lleva a la muerte, este verso nos anima a orar los unos por los otros. Y aun cuando Juan no sugiere orar por la persona que ha cometido el pecado que lleva a la muerte, debemos tener cuidado de no asumir precipitadamente que una persona ha caído en la apostasía definitiva para nunca más arrepentirse. ¿Estás orando por otras personas de tu iglesia? Toma un tiempo hoy para orar por alguien que esté en una lucha particular contra un pecado.
  
Para continuar estudiando: 2 S 11-12 • Job 42:7-9 • Gá 6:1-2 • Heb 6:4-8

Texto original: http://www.ligonier.org/learn/devotionals/sin-leads-death/
Traducción: Cristian Morán
Fuente: http://www.accesodirecto.org/

martes, 19 de enero de 2016

La Falsa Nueva Reforma Apostólica - John MacArthur (Video)



La Nueva Reforma Apostólica, es un movimiento que no es nuevo, no es apostólico, y no es una reforma. Pero es un movimiento de rápido crecimiento que ha sido generado por algunos de los mismos problemáticos viejos falsos maestros y líderes falsos que han existido en Carismanía durante décadas.

Siempre deshonrando al Espíritu Santo, siempre deshonrando la Escritura, siempre reclamando milagros, señales, maravillas, visiones, sueños. 


Fuente: laverdadahora.com

Todo tiene su tiempo