lunes, 5 de abril de 2021

La botella en el desierto



 Un hombre se encontraba perdido en el desierto; si no encontraba un poco de agua en lapso de unas horas, su único destino sería la muerte. Por suerte llegó a una vieja cabaña, casi desecha por el fuerte sol, sin ventanas ni techo, dentro del lugar encontró una pequeña sombra en donde acomodarse y descansar un poco del sol fatigante.


Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, muy oxidada, aparentemente hacía muchos años que esta se encontraba allí y por lo que se veía ni una gota de agua había salido de ella en mucho tiempo.

Fatigado por la sed y casi sin fuerzas se arrastró hasta donde estaba la bomba y moviendo la manivela comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una vieja botella, La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: – «Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar».

El hombre quitó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua… ¡Totalmente llena! De pronto se encontraba en medio de un dilema: si bebía el agua calmaría su  sed y sobreviviría por un par de horas, pero si la vertía en la bomba probablemente obtendría agua limpia y fresca del fondo de pozo, y pudiera tomar toda la que desease, o tal vez no, tal vez la bomba no funcionaría y el agua de la botella se desperdiciaría. ¿Qué debía hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca… o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas no se cuanto tiempo atrás?

Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia… Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: «Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente».


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miércoles, 24 de marzo de 2021

El tesoro escondido



Era un día cualquiera cuando un pobre labrador escuchó un ruido bajo la rueda del arado; desconcertado miró y descubrió un tronco lleno de monedas de oro. Toda una fortuna para él. El hombre arrastró el tronco hasta su rancho y lo enterró profundamente en su jardín.

Pasaron los días y no sabía qué debía hacer con toda esa fortuna. Imaginó todo lo que podría comprar y decidió dejarlo enterrado durante un tiempo prudencial y usarlo poco a poco. Con ese tesoro, cualquier cosa podía resolverse y por fin tenía una seguridad ante cualquier imprevisto, calamidad o dura temporada.

Pero contar con ese tesoro, no sólo le dio seguridad, también cambió el carácter de nuestro hombre, que empezó a mostrarse relajado y de ser una persona gruñona y taciturna, pasó a ser un hombre chispeante y agradable. Su temor e intolerancia dejaron paso a la confianza, la fe y la compasión. De hecho, empezó a ver la vida como una experiencia hermosa y feliz, sabiendo que, aunque lleguen cosas duras, sería capaz de hacerles frente.


Toda la vida de este hombre, dio un giro radical para su propio bien y el de su familia, amigos y allegados, llegando incluso a transformar el estado de la comarca, pues al volverse un hombre esforzado, positivo e influyente, su marco de acción se engrandeció sustancialmente, tanto que la abundancia y la prosperidad caracterizaba ahora su vida.

Y así pasaron los años, hasta que le llegó el tiempo de partir. Antes de expirar, reunió a sus hijos y les reveló su increíble y bien guardado secreto. Después de eso, ya podía morir en paz.

Al día siguiente, muy temprano, sus hijos cavaron afanosamente en el lugar indicado, y encontraron el tronco. Pero, para sorpresa de todos, estaba totalmente vacío. Lo que nadie nunca supo, es que las monedas habían sido robadas por unos aventureros desde hacía más de 10 años.

¿Cuál es el verdadero tesoro? No fue el hecho de ser rico lo que dio seguridad y felicidad a nuestro héroe, sino más bien el pensamiento de que tal riqueza existía y que estaba a su disposición, lo que despertó una nueva actitud en él.

Esta historia nos da una perspectiva acerca del poder que tienen nuestros pensamientos.

Cuando tengamos la sensación de que somos desgraciados, rechazados, olvidados, no merecedores de algo, o decididamente malvados, pensemos si no estamos otorgando un poder especial a nuestros pensamientos.

Frente a toda esta historia, también se puede destacar la importancia de Mateo 6:19-21, donde Jesús nos aconseja hacer tesoros en el cielo y no tanto en la tierra.

Esto, al igual que a este hombre, nos dará seguridad, pues no solo estaremos confiados en que estamos haciendo lo correcto para agradar a Dios y obedecerle, según su palabra, sino que estamos invirtiendo en lo que de verdad importa, la eternidad.

No hay nada que pueda darnos más seguridad que el hecho de saber que al partir de esta tierra nos espera algo mejor, junto a nuestro Padre Celestial.

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martes, 23 de marzo de 2021

Esta es sin duda la mejor forma de evangelizar


Esta es sin duda la mejor forma de evangelizar

Todos hemos sido llamados a predicar, pues, Dios ha declarado que nuestra misión en ganar almas para su reino.


La Biblia es clara con respecto a las palabras de Jesús cuando dice que prediquemos el evangelio, las buenas nuevas, la palabra de Dios, a toda criatura.

Evangelizar es una de las mejores formas de hacerlo ya que se tiene más libertad de expresión y uso de ideas creativas para impactar y llamar la atención de la gente.


Es importante recordar que el mensaje siempre debe estar centrado en Jesús, el sacrificio de la cruz y la salvación.

Si te da pena, vergüenza, miedo o nervios evangelizar, te invitamos a ver este vídeo, que no solo te animará a desear predicar, sino que también te recordará lo importante que es compartir sobre aquella persona que nos ama y nos hace más feliz… El Padre Celestial, Dios.

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lunes, 22 de marzo de 2021

El pescador y el banquero

 


Un exitoso banquero especializado en inversiones se encontraba paseando a las cercanías de un muelle, cuando de pronto vio llegar un pequeño y viejo bote navegado por un pescador humilde y solitario.




Asombrado por la calidad de peces que el humilde pescador había capturado, se acercó a él y le preguntó:

– ¿Cuánto tiempo le ha tomado pescar esos peces?


– La verdad, no demasiado, respondió el pescador.

– ¿Y no has pensado en quedarte un poco más de tiempo pescando? De esa manera lograrías obtener muchos más peces.

– No, realmente solo pesco lo necesario para suplir mis necesidades y las de mi familia.

Intrigado por la tranquilidad del pescador pese a su situación tan humilde, el banquero siguió preguntando.

– Pero si tan solo se dedica a pescar un par de horas al día ¿Qué hace usted con el resto de su tiempo?

– Pues verá, luego de pescar regreso a casa, leo algo interesante, juego con mis hijos, ayudo a mi esposa en las labores diarias, duermo una siesta, camino todas las noches al pueblo donde suelo comer, tocar la guitarra y reunirme con mis viejos amigos… Tengo una vida maravillosa y muy divertida.

– Verá usted, buen hombre yo soy un banquero graduado en una de las mejores Universidades del país y creo que podría ayudarle un poco a mejorar su situación económica. Si tan solo invirtiera más de su tiempo en pesca, obtendría mayores ingresos, los cuales podrían servirle para adquirir un barco más grande, con el cual pueda aumentar el numero de sus capturas; con las ganancias podrá ir comprando más barcos y a su vez conformar una flota de botes pesqueros. Y en lugar de vender los pescados a un intermediario, lo haría directamente a un procesador, inclusive teniendo algo de suerte lograría abrir su propia empresa procesadora de ventas. Después de alcanzada esta meta saldría de este pequeño pueblo y se expandiría su compañía por muchos países, llegando a convertirse en una marca muy reconocida…

– Perdone mi interrupción señor banquero, entiendo su idea, pero ¿Cuánto tiempo tardará eso en suceder?

– Bueno yo calculo que entre unos diez y quince años, dependiendo de muchos factores, de las variables del mercado y de su ingreso inversionista.

– Bueno, ¿Y luego qué?

– Aquí viene la mejor parte amigo: Luego de haberse expandido su empresa, usted deberá proponer una oferta inicial de Acciones. Al vender sus acciones, usted se volverá un hombre rico, dueño de millones.

– ¿Millones? ¿Y luego qué?

– Con semejante fortuna te puedes retirar. Adquieres una casita en un pueblo tranquilo cerca de la costa, donde puedas dormir, jugar con tus hijos, cuidar a tu esposa, pescar un poco, compartir con tus amigos, leer un buen libro y disfrutar de la vida. 

El pescador con una sonrisa en su rostro le contestó:

– ¿Acaso no es eso lo que ya tengo?

Cuántas personas han desperdiciado su vida andar buscando la falsa felicidad que se esconde tras las riquezas. La verdadera felicidad está en disfrutar las pequeñas cosas que se tiene, aquellas que Dios nos ofrece cada día, el amor, la vida, la familia, los amigos, los buenos momentos son esos tesoros invaluables que no se compran ni con todo el dinero del mundo.

Por encima de todas las cosas que dan felicidad, las personas deben comprender que esto solo se encuentra en Dios, pues lo que la sociedad ofrece es algo pasajero, momentáneo; pero el Señor ha prometido que su bendición es la que enriquece, y no añade con ella tristeza (Proverbios 10:22).

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jueves, 18 de marzo de 2021

El amor y el tiempo

 







Un día se anunció a todos los sentimientos que la isla estaba por hundirse. Entonces, todos prepararon sus barcos y partieron, únicamente el amor quedó esperando solo pacientemente, hasta el último momento.

Cuando la isla ya estuvo a punto de hundirse, el amor decidió pedir ayuda entre los otros sentimientos para que alguno de ellos lo llevara consigo en su barco y salvara así su vida.

La riqueza pasó cerca del amor en un barco lujosísimo y este le preguntó: «¿Riqueza, me puedes llevar contigo?». A lo que respondió: «No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barco y no hay lugar para ti, lo siento, amor».

Entonces, el amor decidió pedirle ayuda al orgullo, que estaba pasando frente a él en una magnifica barca, «¡Orgullo te ruego! ¿puedes llevarme contigo?».

«No puedo llevarte amor», respondió el orgullo. «Aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca ¿y, cómo quedaría mi reputación?».

Entonces, el amor dijo a la tristeza que se estaba acercando: «¡Tristeza te lo pido, déjame ir contigo!». La tristeza se negó, alegando que necesitaba estar sola.

Luego el buen humor pasó frente al amor, pero estaba tan contento que no se percató que lo estaban llamado.

De repente, una voz dijo: «Ven amor, te llevo conmigo». El amor miró a ver quien le hablaba y vio a un viejo. El amor se sintió tan contento y lleno de gozo que se subió a la barca, y se olvidó de preguntar el nombre del viejo. Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue.

El amor se dio cuenta de cuanto le debía, y le preguntó al saber: «Saber, ¿Puedes decirme quien era este que me ayudó?»«A sido el Tiempo», respondió el saber con voz serena. «¿El tiempo?», se preguntó el amor, «¿Por qué será que el tiempo me ha ayudado?».

Y el saber respondió: «Porque solo el tiempo es capaz de comprender cuan importante es el amor».

La Biblia describe al amor como uno de los aspectos de mayor importancia en nuestras vidas (1 Corintios 13:13), colocándolo por encima de la fe y la esperanza.

La razón por la que es tan importante, es porque literalmente Dios es amor (1 Juan 4:8) el cual no se acaba ni deja de ser (1 Corintios 13:8).

En cuanto al tiempo, es con la ayuda de este que comprendemos cuanto el Señor nos ama, cuanto le debemos y lo que debemos hacer con el tiempo que nos queda de vida.

Todo lo demás en este mundo es pasajero, es por ello que debemos enfocarnos en amar, predicar, salvar almas y establecer el reino de los cielos; de esta manera sabremos que usamos de manera correcta nuestro tiempo y demostramos el amor de la manera en que Jesús también lo hizo.


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miércoles, 17 de marzo de 2021

Dios y el Granjero

 



Una antigua fábula cuenta que Dios decidió bajar a la tierra para palpar de cerca las necesidades de los hombres.

Al llegar quiso mantener una conversación con el hombre más inteligente y trabajador de los granjeros. Dicha entrevista tendría lugar en la cima más alta de una montaña y solo uno de ellos podía asistir en representación de todos los hombres de la comunidad.

Los sabios de la región designaron a uno para que fuera a la gran entrevista y expusiera ante Dios y la situación que les aquejaba.


Se eligió a un viejo granjero, quien era considerado el más sabio de la comunidad y a quien se le encargaron una serie de cuestionamientos para ser planteados al Creador. Aquel hombre lleno de valor subió a la cima de la montaña y se acercó a la luz en donde se encontraba el Señor.

Con humildad, respeto y voz nerviosa, comenzó a decirle:

«Señor sé que has creado este mundo y todo lo que está dentro y fuera de él. También creo que todo lo has hecho perfecto. Pero yo por mi propia experiencia he aprendido mucho más que Tú en cuestiones de agricultura, así que me alegro mucho de que hayas bajado a la tierra, porque tienes muchas cosas que aprender y rectificar».

– «Con mucho gusto me pondré a tu disposición, escucharé pacientemente todo lo que tengas que decir y tomaré en cuenta tus consejos», dijo Dios.

«Yo creo –contestó el anciano- que hay muchos errores en eso de los ciclos de la luna, el sol y las estrellas; en lo referente a las tempestades y terremotos, pero para no abrumarte, los sabios de mi pueblo sugieren que nos des el tiempo de un año, en el cual las cosas se hagan a nuestra manera».

– «Veremos que sucede, pero estamos seguros de que al implementar nuestros métodos nadie en el pueblo padecerá de pobreza».

– «¿Y, qué es lo que piden?», respondió el Señor.

– «Queremos que en los próximos doce meses nos envíes la lluvia necesaria, ni más ni menos, y que no haga demasiado calor. En fin, todo lo necesario para una cosecha de trigo buena y abundante, y para que los viñedos y las flores tengan las condiciones óptimas».

Dios estuvo de acuerdo con la peticiones del granjero, y decidió hacer todo de la forma como se había acordado.

Durante este lapso de tiempo, todo parecía marchar de manera confortable, el sol cálido, la lluvia dulce y tranquila, el fruto de la siembra había crecido de una manera extraordinaria, incluso el trigo, las flores y demás vegetación había alcanzado tamaños nunca antes vistos.

Al poco tiempo para que se venciera e plazo acordado, Dios decidió presentarse por los campos del granjero. Este lleno de orgullo le dijo:

– «Mira Señor ¡como luce de bien la siembra! Observa y toma consejo sobre lo que realmente es una buena cosecha. Este será un año magnifico, el fruto de todos los cultivos será tan bueno que nos alimentaremos bien así no trabajemos. Hiciste bien en hacernos caso«.

Llegó el tiempo de la siega, y el Señor estaba ante ellos como lo había prometido. Pero la sorpresa de todos los pobladores de la región llegó cuando vieron que las espigas no tenían el grano de trigo, las uvas estaban insípidas y las flores carecían de aroma. – «¡Señor!»- preguntó uno de los granjeros. «¿Nos puedes explicar qué pudo haber pasado?»

El Señor con voz calma y mucho amor, le explicó: – «Mi presencia es vida y aporta vida, pero como no permitieron que Yo estuviera presente, todo lo que hicieron ustedes con sus propias fuerzas fue en vano, porque le falta la vida».

Esta fabula se aplica a nuestra vida. Nosotros somos esa tierra en donde se cultiva el fruto, pero cuando decidimos alejarnos de Dios no hay nada bueno que podamos ofrecer. Por muy hermosos que luzcamos por fuera vamos a encontrarnos vacíos como las espigas de trigo de los granjeros  no habrá un fruto saludable en nuestras vidas.

Solo Dios puede hacer germinar un fruto maravilloso de nosotros, El es el labrador, que limpia nuestra tierra y la prepara para hacer ser cultivada. Separados de Dios nada podemos hacer, por más que nos esforcemos, andaremos por la vida como flores sin olor.

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lunes, 15 de marzo de 2021

La historia de José y los sueños

 



José era uno de los doce hijos de Jacob y, según dice la Biblia, el favorito de su padre. Cuando José tenía diecisiete años de edad su padre le regaló una túnica de colores. Los hermanos ya estaban resentidos con él porque le contaba a su padre las cosas malas que ellos hacían y la túnica aumentó el rencor en ellos. Como si fuera poco, José tenía un don especial: Dios le revelaba a través de sueños cosas que sucederían.

Los sueños proféticos de José

En su juventud, José tuvo dos sueños relacionados con él y su familia y decidió contarlos. En el primer sueño él se vio en el campo junto a sus hermanos atando gavillas (conjunto de ramas). De repente, su gavilla se levantó muy recta mientras que las gavillas de sus hermanos se inclinaban frente a la suya.

En el segundo sueño José vio el sol, la luna y once estrellas - que representaban a sus padres y sus hermanos - inclinándose ante él. Como es de esperar, ninguno de los sueños sentó bien a sus hermanos. El enojo y la envidia crecieron en sus corazones así que comenzaron a tramar la forma de deshacerse de José. Su padre, sin embargo, reflexionaba sobre esos sueños.

La realidad es que ambos sueños venían de Dios y hablaban de algo que llegó a cumplirse con el pasar de los años. Luego de soportar muchos pesares e injusticias José llegó a ser alguien muy importante y toda su familia tuvo que inclinarse ante él.

José vendido como esclavo

En una ocasión, los hermanos de José estaban en otro lugar apacentando ovejas y Jacob, el papá, envió a José a ver si sus hermanos estaban bien. Cuando sus hermanos lo vieron de lejos vestido con su túnica de colores, comenzaron a tramar un plan para deshacerse de él (Génesis 37:12-36).

La idea original era bastante macabra lo cual nos revela la condición del corazón de algunos de sus hermanos:

Se dijeron unos a otros: Ahí viene ese soñador. Ahora sí que le llegó la hora. Vamos a matarlo y echarlo en una de estas cisternas, y diremos que lo devoró un animal salvaje. ¡Y a ver en qué terminan sus sueños!
(Génesis 37:19-20)

Sin embargo, Rubén - el hermano mayor - se opuso a que le hicieran daño a José. Él propuso que lo arrojaran a una cisterna y lo dejaran allí. En realidad, su idea era venir luego a rescatar a su hermano y llevarlo de vuelta a casa, con vida.

Pero el plan tomó un giro inesperado cuando los otros hermanos vieron una caravana de mercaderes madianitas que se dirigía a Egipto. Judá, uno de los hermanos, propuso no matar a José sino venderlo y así lo hicieron. Así fue como José se encontró vendido como esclavo y camino a Egipto.

Los hermanos tomaron la túnica de colores de José y la empaparon con sangre de cabrito. Al llegar a casa hicieron creer a Jacob que José había muerto devorado por un animal salvaje.

Por su parte, cuando los madianitas llegaron a Egipto vendieron a José por segunda vez. Allí lo compró un funcionario de faraón y capitán de la guardia llamado Potifar.

José comenzó a trabajar para él y todo lo que hacía salía bien, algo que no pasó desapercibido. Por esta razón, Potifar decidió nombrarlo mayordomo de toda su casa y administrador de sus bienes.

Génesis 39:5

La casa prosperaba y todos estaban contentos. Lo único que Potifar no compartía con José era, obviamente, su mujer. Por desgracia, la mujer de Potifar se antojó con seducir a José y ahí comenzaron los problemas. José no cedía al acoso y ella lo resentía.

Un día, cuando todos los que trabajaban en la casa estaban en otro lugar, la mujer aprovechó para acercarse a José y agarrarlo por la ropa. Él salió corriendo porque tenía temor de Dios y porque no quería causar pesar a Potifar. Al salir corriendo dejó su manto en las manos de la mujer.

Ella, despechada, decidió contar la historia a su manera. Llamó a los siervos de la casa gritando y les enseñó el manto de José diciendo que él había intentado aprovecharse de ella. Cuando el marido llegó, ella le contó la misma historia y él, enfurecido, mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey.

José, el intérprete de sueños

La Biblia dice en Génesis 39:20b-21 que «aun en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su amor». José se ganó con facilidad la confianza del guardia de la cárcel y este lo puso como encargado de todos los prisioneros y de todo lo que se hacía allí.

Como el Señor estaba con José y hacía prosperar todo lo que él hacía, el guardia de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que dejaba en sus manos.
(Génesis 39:23)

Una vez más, tal y como había sucedido con Potifar, José vio cómo Dios le daba gracia ante los ojos de la persona encargada.

Luego de un tiempo, el faraón se enojó con dos de sus funcionarios, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, y los envió a la cárcel donde estaba José. Pasó un periodo de tiempo y luego, una noche, tanto el copero como el panadero, tuvieron un sueño cada uno.

Por la mañana, José los notó algo inquietos y les preguntó qué les pasaba. Ellos le confesaron que habían tenido dos sueños y que no encontraban a nadie que pudiera decirles el significado de estos. José les contestó lleno de confianza en Dios:

¿Acaso no es Dios quien da la interpretación? —preguntó José—. ¿Por qué no me cuentan lo que soñaron?
(Génesis 40:8b)

El sueño del jefe de los coperos

El primero en relatar su sueño fue el jefe de los coperos. Él vio en su sueño una vid con tres ramas que comenzó a florecer y produjo uvas. Se vio a sí mismo sosteniendo la copa del faraón, exprimiendo uvas antes de entregar la copa a su jefe. José le dijo que el sueño significaba que en tres días el copero sería indultado y volvería a su trabajo anterior como copero del faraón.

José aprovechó para pedirle al jefe de los coperos que, cuando regresara a su trabajo, se acordara de él y hablara bien sobre él ante el faraón. Esperaba de esa forma que el faraón tuviera misericordia, que se diera cuenta de la injusticia que le habían hecho y decidiera sacarlo de la cárcel.

El sueño del jefe de los panaderos

Cuando el jefe de los panaderos vio que la interpretación para el copero era positiva decidió contarle su sueño a José. Él se había visto con tres canastas de pan sobre su cabeza. En la canasta de arriba había un gran surtido de repostería, pero las aves venían y se comían lo que había en las canastas.

José le dijo que dentro de tres días el faraón lo mandaría a decapitar colgándole de un árbol. Las aves vendrían y devorarían su cuerpo. Al cabo de tres días sucedió tal y como José había dicho: el jefe de los coperos volvió a su trabajo, pero ahorcaron al jefe de los panaderos.

Los sueños del faraón

Pasaron dos años. José ya tenía treinta años y permanecía preso. Una noche el faraón tuvo dos sueños. En el primero se vio junto al río Nilo. De pronto vio siete vacas gordas y hermosas que salieron del río y se pusieron a pastar. Detrás de ellas salieron otras siete vacas que eran muy flacas y feas y estas se comieron a las primeras. Pero aun así ni engordaron ni se vieron más fuertes.

En el segundo sueño el faraón vio siete espigas de trigo, grandes y hermosas, que salían de un tallo. Tras ellas brotaron siete espigas muy delgadas y quemadas. Al igual que había visto en el sueño de las vacas, las siete espigas delgadas se comieron a las más grandes, pero permanecieron igual de delgadas y quemadas.

El faraón se levantó preocupado y envió a llamar a todos los magos y sabios de Egipto, pero ninguno logró interpretar sus sueños. Fue en ese momento que el copero del rey se acordó de José. Le comentó al faraón cómo José había interpretado correctamente su sueño y el del panadero dos años antes. El faraón mandó a llamar a José a quien sacaron de la cárcel.

José interpreta los sueños del faraón

José, luego de vestirse bien y arreglarse, se presentó ante el faraón. Este le comentó que se había enterado de que José interpretaba sueños. Una vez más, tal como había hecho frente al copero y al panadero, José le dio la gloria a Dios:

Génesis 41:16

El faraón le contó sus sueños a José y él los interpretó. José dijo que los dos sueños significaban lo mismo y que el hecho de que soñara dos veces mostraba que Dios estaba decidido a realizar lo que anunciaba. Vendrían siete años de mucha abundancia a Egipto, pero a estos les seguirían siete años de escasez y hambre. Serían de tal magnitud que la gente ni siquiera se acordaría de toda la abundancia anterior.

José pasó entonces a aconsejar al faraón. Le dijo que debía encontrar a una persona sabia y competente que se hiciera cargo de administrar bien a Egipto. El propósito sería usar sabiamente los recursos disponibles y acumular suficiente para los años de escasez. José dio consejos muy sabios al faraón y este contestó:

¿Podremos encontrar una persona así, en quien repose el espíritu de Dios?
Luego le dijo a José: Puesto que Dios te ha revelado todo esto, no hay nadie más competente y sabio que tú. Quedarás a cargo de mi palacio, y todo mi pueblo cumplirá tus órdenes. Solo yo tendré más autoridad que tú, porque soy el rey.
(Génesis 41:39-40)

José, gobernador de Egipto

Fue así como José pasó de estar en la cárcel injustamente a ser el gobernador de Egipto. El faraón le dio un nuevo nombre a José, Zafenat Panea, y le dio una esposa, una mujer llamada Asenat, hija de un sacerdote.

José comenzó a trabajar diligentemente para el faraón. Durante los siete años de abundancia logró acumular alimento más que suficiente para todos. Cuando comenzó la escasez, no afectó solo a Egipto sino que se extendió por todas las naciones. Por esto, empezó a llegar gente de todo el mundo con el propósito de comprar alimentos.

Los hermanos de José fueron algunos de los que vinieron a Egipto desde otros países y regiones del mundo para comprar alimento. Al final, sí que se postraron ante José pidiendo su favor y comida, tal y como José había soñado cuando solo tenía diecisiete años.

Dios le dio dones especiales a José y él, con el paso de los años, aprendió a usarlos de forma eficiente y sabia. ¿Conoces los dones que Dios te ha dado? ¿Los estás usando para la gloria de Dios?


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